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Domingo, 09 de Diciembre 2018

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* Llamadas de atención

Por: Jaime García Elías

* Llamadas de atención

* Llamadas de atención

Aun cuando en instancias más avanzadas de la “Liguilla” en puertas pudiera darse una combinación “explosiva” -un América-Cruz Azul o un Monterrey-“Tigres” como el que hace meses generó una brutal riña callejera en la Sultana-, parece poco probable que en México pudieran ocurrir episodios como los del sábado en Buenos Aires, que cancelaron la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors… o como los de ayer en Atenas -la cuna de la civilización, según dicen- donde, refieren las crónicas, “se vivió un verdadero infierno en la previa del cotejo (entre el AEK local y el Ajax de Holanda, dentro de la Champions League), cuando las barras de ambos equipos se enfrentaron en las tribunas y hasta reventaron bombas que pudieron ocasionar una tragedia”.

El ambiente degeneró: de los cantos a los insultos, de los insultos al lanzamiento de bengalas, y de las bengalas a una bomba molotov arrojada por un aficionado griego a los aficionados holandeses. Ya desde la víspera, simpatizantes de los dos equipos empezaron a desafiarse y a citarse en las calles, donde hubo batallas campales, con profusión de piedras, palos, cohetones y proyectiles de toda índole.

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Los hechos -ahora en la “culta” Europa, no en la “bárbara” Latinoamérica, subrayémoslo- ocurrieron el mismo día que la Conmebol tomaba la decisión de que el River-Boca decisivo de la Libertadores, que sería “el partido del siglo”, se juegue lejos de Buenos Aires; el mismo día que Pablo Pérez, capitán del Boca Juniors y quien salió lesionado de un ojo por los desmanes del sábado, condensaba su justo miedo por el ambiente hostil de un estadio ocupado exclusivamente por “hinchas” locales, en esta frase: “Si ganamos, nos matan a todos”.

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Que el ambiente en un estadio de futbol sea muy diferente al habitual en un teatro o una iglesia, particularmente cuando la rivalidad es intensa o cuando se disputa un partido de extraordinaria trascendencia, es comprensible. Que haya incidentes violentos, mientras sean aislados, ídem… Que, en cambio, sea motivo para zacapelas colectivas que pueden ocasionar tragedias, es inadmisible.

Los episodios del sábado en Buenos Aires y de ayer en Atenas deben ser llamadas de atención para que autoridades civiles y dirigentes de clubes procuren mantener la pasión por el deporte y la simpatía por los equipos en los límites de la civilidad, como corresponde a una expresión de cultura.definitivo, por supuesto que es digno de celebrarse que con Diego, el hombre, esté en vías de cumplirse -como decía Donoso Cortés- que “el caído siempre tiene opción a levantarse”.  

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