Viernes, 14 de Agosto 2020
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* Clamor

Por: Jaime García Elías

* Clamor

* Clamor

No... No es que, como dicen por ahí, Oribe Peralta “ya debe empezar a pensar en el retiro”. Es que, hasta donde llegó a saberse, lo estaba haciendo desde hace uno o dos años: desde que dejó de ser titular con el América; desde que sus apariciones en las alineaciones se fueron haciendo esporádicas; desde que sus ocasionales intervenciones en los partidos dejaron de tener la trascendencia de sus mejores tiempos; desde que su peso específico en el plantel americanista declinó ostensiblemente.

Si el retiro de las canchas de Peralta no se consumó hace un año, al final de la temporada anterior, fue porque la oferta del Guadalajara resultó atractiva tanto para el América como para Oribe: para el América, porque aunque no recuperara parte de la inversión que hizo al contratarlo -y que, después de todo, ya se había amortizado con creces-, liberarse de la carga económica que significaba mantenerlo en el plantel, ya era ganancia; para el jugador, porque la posibilidad de extender su carrera en un equipo tan popular como el Guadalajara, y de ayudarlo a superar la crisis de sus últimas cinco temporadas, era un regalo del destino… (además de que, como dice el adagio, “a quién le dan pan que llore”).

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Oribe no tuvo oportunidades para ganarse la titularidad en el Guadalajara, porque Macías y Vega se lo impidieron al volverse piezas importantes y participar en la recuperación del nivel futbolístico y la eficacia de que el equipo había carecido en las varias campañas en que ni siquiera consiguió boleto para la “Liguilla”.

¿Fue un error de la directiva del Guadalajara la contratación de Peralta…? Imposible saberlo. Que casi no ha visto actividad, y que, desde su llegada, su contribución a los resultados del equipo ha sido insignificante, son realidades indiscutibles… Habría que considerar, en todo caso, en qué medida su presencia en el plantel contribuyó a que Vega y Macías elevaran su nivel de juego y propiciaran la mejoría colectiva. Luis Fernando Tena, sus colaboradores y el dueño del equipo deben tener una idea más clara al respecto.

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El hecho es que un portero de 35 años puede estar en su punto de madurez -Ochoa, Talavera y Corona lo demuestran-…, pero un atacante de 35 años, aún apto para jugar regularmente en un equipo con aspiraciones, va -salvo casos excepcionales- contra las leyes de la naturaleza.

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