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Jueves, 15 de Noviembre 2018

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* Cara... y cruz

Por: Jaime García Elías

* Cara... y cruz

* Cara... y cruz

No hubo mariachi; no se llegó al extremo de descorchar botellas de champaña; empero, hubo cohetes en el Estadio Jalisco para celebrar la primera victoria del Atlas en la campaña.

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Tuvo que llegar la quinta jornada —“no hay quinto malo”, reza el refrán— para que los fieles de la causa rojinegra tuvieran, por fin, una alegría, luego de cuatro quebrantos consecutivos.

Lo de menos fue que enfrente estuviera un adversario que en la etapa inicial dilapidó dos claras oportunidades de acrecentar la ventaja adquirida prácticamente desde el primer minuto, y que en el segundo tiempo hizo gala de la mediocridad y la tibieza que se ha vuelto la marca de la casa desde hace varias temporadas.

Igualmente irrelevante resultó la incapacidad de sus propios atacantes para generar ofensivas promisorias, y que fuera menester la irrupción de Barreiro, un zaguero, para conseguir los dos remates con que se escribió la historia.

Lo esencial es que los rojinegros ya ganaron, y que en función de lo que suceda en esta y en las próximas jornadas, probablemente tengan un respiro, considerando que el desastroso inicio de la campaña hizo reaparecer en la guarida atlista a un viejo conocido: el fantasma del descenso.

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Mientras los rojinegros, con el consabido dramatismo, labraban su victoria, de Puebla llegaban noticias de que la derrota ante los “Camoteros” cimbró los cimientos del Guadalajara; de que hubo una prolongada encerrona en el vestidor, donde seguramente se procedió –valga la metáfora— a lavar bastante ropa sucia…

Quizá no hayan sido tanto esta vez los errores defensivos, porque el Puebla se benefició primordialmente del infortunio de que dos balones disparados a la buena de Dios pegaron en los palos y encontraron sendos “cazagoles” que los hicieron efectivos.

Volvió a ser en el otro departamento —ya se va haciendo costumbre— donde  las “Chivas”, de nuevo, quedaron a deber.

Era lógico esperar que los poblanos atravesaran el camión debajo del travesaño para defender el gol tempranero. Sin embargo, Muñoz, en el marco, aunque vio el partido en butaca de “ring side”, tuvo una jornada apacible merced a la falta de imaginación para penetrar las líneas enemigas y de contundencia para capitalizar las pocas situaciones propicias —la de Pulido, que quiso rematar de cabeza y chocó el balón con el hombro...— generadas por un Guadalajara más inofensivo que el pensamiento de una novicia.

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