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Lunes, 23 de Septiembre 2019
Ideas |

* Aprendices

Por: Jaime García Elías

* Aprendices

* Aprendices

4-0… ¡y salió barato!

Con 1-0 habría sido derrota honrosa; con 2-0, derrota a secas; con 3-0, goleada. El 4-0 adverso de anoche en el Alamodome de San Antonio, aún se antoja misericordioso para el “Tri”. No alcanzó dimensiones de catástrofe ni ameritó algún calificativo más rotundo -“vergonzoso”, por ejemplo- porque fue patente que Argentina perdonó la vida al representativo mexicano.

En el segundo tiempo, considerando que la demostración de superioridad del lapso inicial había sido suficiente, los pamperos sacaron el acelerador. Se limitaron a sobrellevar el partido (si puede darse tal denominación a la variante del juego del gato con el ratón que había sido la primera parte), en el entendido de que enfrente no había rival. Tan claro como eso.

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Si México, tanto en los primeros compromisos de la “era Martino” como en la Copa Oro en que consiguió el título, había tenido desempeños promisorios y logrado marca casi perfecta en materia de resultados, fue, en gran medida, porque enfrente tuvo -salvo los casos de Ecuador y Chile- rivales de medio pelo. El viernes, contra Estados Unidos, hubo consenso en que el 3-0 se debió al pobre nivel del adversario.

Lo de ayer, como era previsible, fue otra cosa. El de anoche fue un repaso de los maestros a los aprendices. Los primeros demostraron que la posesión de la pelota -que fue de los mexicanos- puede ser irrelevante y engañosa. No se puede atacar sin el balón, ciertamente… pero tener el balón lejos del marco no significa hacer futbol ofensivo propiamente dicho.

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Entre  el orden, la aplicación, el oficio y la astucia de los argentinos para cerrar espacios atrás y abrirlos adelante, aprovechando el desequilibrio táctico del “Tri”, y cazando las torpezas de los zagueros (llamarlos “defensas” sería faltar a la verdad) mexicanos, se sumaron las situaciones propicias para llegar con claridad a la zona de definición. El resto lo hizo, anoche, la capacidad de Lautaro Martínez para convertirse en el héroe de su causa: tres goles en cuatro disparos al marco, más provocar la mano de Salcedo y el correspondiente penalti, fueron sus argumentos.

Ya sin él, con dos disparos de De Paul, bien resueltos por Ochoa, a cambio de un triste tiro a gol -de Lozano, ya en el minuto 92- se cumplió el trámite. El desenlace de la historia fue despertar del sueño para saltar a la pesadilla.

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