Martes, 30 de Noviembre 2021

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- “¿Y por qué yo...?”

Por: Jaime García Elías

- “¿Y por qué yo...?”

- “¿Y por qué yo...?”

Además de que un ex director de Pemex -como, hace unos años, Jorge Díaz Serrano- lleva ya dos días encarcelado y posiblemente ahí siga al menos el resto del sexenio, ¿qué queda en claro, hasta hoy, del “Caso Lozoya”, y cuáles deberían ser, en teoría al menos, el clímax y el desenlace de esta novela...?

-II-

Queda en claro, de entrada, que la corrupción (acción de sobornar, cohechar, viciar o pervertir a funcionarios públicos mediante dádivas, al efecto de conseguir contratos, canonjías o beneficios de manera ilícita) va más allá de prácticas como la “mordida” del ciudadano al burócrata, al policía o al agente vial para que agilice un trámite o pase por alto una infracción. El “Caso Odebrecht” destapó un “modus operandi” que quizás aplica en todo el mundo: el obsequio de grandes sumas de dinero a prominentes “servidores públicos”, a cambio de contratos de obras públicas igualmente millonarios. (“Wikipedia” consigna que “entre 2010 y 2014, la empresa pagó sobornos por más de diez millones de dólares a funcionarios mexicanos para asegurar contratos de obra pública, con lo que obtuvo un beneficio de 300%”).

Las gestiones del padre y los abogados de Lozoya para beneficiarse con el eufemísticamente llamado “criterio de oportunidad” -la delación de sus jefes y cómplices, para decirlo sin eufemismos-, es una confesión tácita de culpabilidad. Los quince meses transcurridos desde que las autoridades españolas lo extraditaron, sin que aportara las prometidas pruebas de descargo (él se decía “instrumentalizado”), fueron un pitorreo continuado a la bandera de la supuesta batida de la actual administración a la corrupción.

La celeridad con que las autoridades judiciales pasaron de la tolerancia o indolencia (¿o complacencia...?) a la acción, al difundirse las fotografías del personaje -supuestamente sometido a régimen de prisión domiciliaria- departiendo plácidamente en un lujoso restaurante, sugieren que el brusco viraje obedeció más a “razones” políticas que jurídicas.

-III-

En lo que el tiempo permite saber si se identifica, se procesa y eventualmente se sanciona a otros personajes -dos ex presidentes entre ellos- supuestamente involucrados en la tenebrosa trama, quizá venga al caso el cuento del general que reunió a toda la tropa y la arengó en estos términos:

-¡Soldados, esta mañana me di cuenta de que me robaron la pistola..., pero ya decidí que me la va a pagar el más tarugo de todos!

De la fila de atrás se alzó, temblorosa, una voz:

-¿Y por qué yo, mi general...?

jagelias@gmail.com

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