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Viernes, 16 de Noviembre 2018

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- ¡Viva la anarquía…!

Por: Jaime García Elías

- ¡Viva la anarquía…!

- ¡Viva la anarquía…!

Por varias razones, la motocicleta se ha convertido en una alternativa de transporte para los habitantes de Guadalajara; una, que es el medio motorizado más económico: las motos son relativamente baratas, fáciles de adquirir y consumen mucho menos combustible que el automóvil más eficiente; otra, que permiten llegar con más rapidez a cualquier parte que cualquier otro vehículo; una más, que pueden estacionarse con relativa facilidad; finalmente (quizá la más importante)… que no hay autoridad que las controle, las regule o las gobierne.

-II-

Dada la rapidez con la que se ha incrementado el número de motocicletas que circulan en la Zona Metropolitana de Guadalajara -son más de un millón-,  hace un año se pronosticaba que pronto habría más motos que automóviles en la ciudad.

El vaticinio tenía una lógica incuestionable. Las motocicletas pueden adquirirse mediante cómodas mensualidades en tiendas departamentales, con la misma facilidad con que puede comprarse un televisor o una computadora: sin necesidad de credencial de elector o permiso para manejarlas.

Un informe de la Asociación de Víctimas de la Violencia Vial señala que “la gente quiere tener un medio de transporte rápido, sin considerar las consecuencias en cuanto a la inseguridad que implica”. Puntualizaba que “una moto tiene más desventajas que ventajas por la gran siniestralidad y la gravedad de las lesiones que sus ocupantes pueden sufrir en un accidente”.
-III-

Considerando que en otras entidades del país -la Ciudad de México, por ejemplo- el Reglamento de Tránsito establece una serie de normas y restricciones para los motociclistas (el uso obligatorio del casco; circular detrás de los automóviles y no sobre las líneas divisorias de los carriles; hacerlo siempre con las luces delanteras y traseras encendidas; no utilizar túneles o puentes vehiculares; no transitar por carriles restringidos o ciclovías; no “culebrear” o realizar maniobras temerarias entre los automóviles, etcétera), el Congreso de Jalisco contempló la posibilidad de modificar el capítulo del Reglamento de Tránsito para los motociclistas. Se trataba de hacer más severas las multas aplicables para las infracciones ya previstas y de incorporar otras en la norma, a la vista de la realidad que nos circunda.

Ayer, sin embargo, el “h.” Congreso, aduciendo “protestas de organizaciones especializadas” (?), tuvo a bien decidir “que dijo mi mamá que siempre no”; que en esta “Tierra (dizque) de Dios y de María Santísima” se vale todo, y que el desgarriate puede continuar como hasta hoy.
(Moraleja del cuento: “¡No te rajes, Jalisco…!”).
 

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