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Lunes, 22 de Octubre 2018

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- “Objetos simbólicos”

Por: Jaime García Elías

- “Objetos simbólicos”

- “Objetos simbólicos”

“Lo que los tapatíos aman (o detestan) de su ciudad”. Ese podría haber sido otro título del libro. Su autora, la doctora Olivia Livier Escamilla Galindo, prefirió dejarle el que tuvo originalmente, como tesis de investigación para el doctorado en Ciudad, Territorio y Sustentabilidad, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara: “Objetos Urbanos Simbólicos: una percepción desde la visión del habitante”.

Se puede coincidir o discrepar de las conclusiones que la doctora Escamilla plantea. Se puede discutir la metodología de que se valió para llegar a ellas… En todo caso, el trabajo tiene varios méritos indiscutibles: originalidad; agudeza para cuestionar algunos dogmas –permítase denominarlos así– de la tradición… y honradez intelectual para resistirse a comulgar con las ruedas de molino que propone el inconsciente colectivo.

-II-

A diferencia de otros afanes editoriales, el de la doctora Escamilla trascendió. Varios medios recogieron y replicaron, así fuera sumariamente, algunas de sus conclusiones. Por ejemplo, que las tres cosas que los tapatíos más detestan (o deploran, para usar un vocablo menos violento) de su ciudad son: 1) el transporte público; 2) la inseguridad en el Centro Histórico, y 3) los Arcos del Milenio.

Lo primero confirma, primero, que el discurso oficial acerca del cacareado “Nuevo Modelo del Transporte Público” no convence a los usuarios de que su percepción de que se les ofrece un servicio indigno e ineficiente, es errónea; segundo, que el proyecto del ahora ex alcalde y virtual precandidato a gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, de que Guadalajara tendría “el mejor Centro Histórico de México” al cabo de la actual administración –inconclusa, por cierto–, está muy lejos de ser una realidad; y tercero, que no ha sido privativa de la susodicha administración actual la pretensión de dejar, como huella de su paso, costosos y fallidos elementos “artísticos”, supuestamente ornamentales, que el ciudadano común repudia en el aspecto estético, e interpreta como expresiones de irresponsabilidad en el manejo de recursos que perfectamente pudieron destinarse a causas de mayor utilidad o beneficio social.

-III-

Tangencialmente, convendría cuestionar la inclusión en el libro, al lado de la fuente de la Minerva y la emblemática Catedral, de la torta ahogada como uno de los más significativos timbres de orgullo de los tapatíos…

La gran pregunta es si esa afirmación se sostiene en una ciudad en que es notoria la predilección de sus habitantes por los tacos al pastor, los hot-dogs, los sushis y las pizzas.
 

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