Martes, 30 de Noviembre 2021

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- Insolencia

Por: Jaime García Elías

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Si los diputados se dicen “representantes populares”, y “representar”, diccionario en mano, significa, en una de sus acepciones, “sustituir a otra persona”, habría que ver en qué medida los ciudadanos de este país se sienten dignamente “representados” por quienes se ostentan como tales... especialmente al cabo de sainetes como los ocurridos el martes pasado en la Cámára correspondiente.

-II-

Mire usted:

Con motivo de la glosa del Tercer Informe de Gobierno, el Secretario de Salud, Jorge Alcocer Varela, compareció ante los diputados para explicar, entre otras cosas, las causas del desabasto sistemático de medicamentos oncológicos, causante, muy probablemente, del fallecimiento de un número indeterminado de niños, principalmente. Alcocer explicó que algunos laboratorios suspendieron la fabricación de ciertos fármacos o redujeron sus exportaciones, para dar prioridad a la fabricación de vacunas para el COVID-19, y que en otros casos el Gobierno suspendió las compras a empresas farmacéuticas que “no cumplían con los estándares de calidad o presentaban irregularidades, como mezclas contaminadas”, etc.

Por supuesto, el reproche -llamémosle así- se extendía a la carencia de medicamentos para otros padecimientos en las clínicas del IMSS y el ISSSTE y para los hipotéticos beneficiarios del Insabi.

Puesto que comparecencia implica confrontación, cabía esperar que los interlocutores de Alcocer -los diputados- rebatieran o cuestionaran al funcionario con argumentos aportados por sus asesores. ¿Y qué sucedió? Que la diputada Martha Estela Romo, secundada por la bancada del PAN en pleno, le entregó una lápida (de cartón) con su nombre y un plumón, mientras le preguntaba “¿Cuántos muertos más, secretario, por negligencia en la secretaría que usted dirige?” -aludiendo tanto a los muertos por la pandemia como a los niños muertos por falta de medicamentos oncológicos-, y lo apremiaba a escribir su propio epitafio: cómo le gustaría que se le recordara.

En otra comparecencia, además de que la presencia del Director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, se aprovechó para recalentar reproches por el supuesto fraude en las elecciones de julio de 1988, cuando era Secretario de Gobernación, el diputado Mauricio Prieto Gómez, del PRD, llevó al estrado un dinosaurio de peluche, y pronunció -quizás- el discurso más breve en la historia de la Cámara (19 palabras, inspiradas en el celebérrimo cuento de Augusto Monterroso): “Bienvenido, director, a esta soberanía. Hoy por la mañana desperté..., y el dinosaurio seguía ahí... Es cuanto, señor presidente”.

-III-

La pregunta sería si el ciudadano común se siente dignamente “representado” por personas que tan burdamente confunden la valentía con la insolencia.


jagelias@gmail.com

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