Sábado, 17 de Abril 2021

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- Hans Küng (I)

Por: Jaime García Elías

- Hans Küng (I)

- Hans Küng (I)

Cuando el papa Pío IX promulgó “el extraño dogma” de la “Inmaculada Concepción”, en 1854 -escribió Hans Küng en “La Iglesia Católica” (Ed. Mondadori, 2002)-, intentaba “avivar la piedad tradicional”... pero también demostrar “su poder pleno y su infalibilidad de facto”, actuando por cuenta propia; no merced a una resolución colegiada de la Iglesia, decidida en un concilio, “en respuesta a una situación conflictiva, para evitar una herejía”.

Eso, cuestionar la pretendida infalibilidad papal, le ganó la condena institucional de la Iglesia, pero también la celebridad mundial. Prueba de esto último, la insistente referencia al antecedente citado, en las notas necrológicas que se le dedicaron ayer (muy escasas en México, por cierto, porque entre su popularidad y las de Juan Gabriel o “Cepillín” mediaba un abismo) a raíz de su fallecimiento, a los 93 años (cumplidos el pasado 19 de marzo), el martes, en su natal Tubinga.

-II-

Invitado a participar como consejero en el Concilio Ecuménico Vaticano II (1958-1965), junto con Joseph Ratzinger, teólogos jóvenes ambos entonces, Küng impulsó decididamente el “aggiornamento” (puesta al día) deseado por el papa Juan XXIII. Un “aggiornamento” que cambió la liturgia -lo accesorio-, sí, pero dejó lo esencial muy lejos de lo que deseaba su impulsor.

Al tiempo, Ratzinger apoyó las posiciones contrarreformistas de Juan Pablo II, y terminó convirtiéndose en su sucesor (Benedicto XVI). Küng, en tanto, separado del magisterio por la Congregación de la Doctrina de la Fe, mantuvo su posición. Se llamaba a sí mismo “la leal oposición a Su Santidad el Papa”, aunque se rebeló contra la obediencia ciega a sus mandatos y se pronunció abiertamente por la libertad de conciencia. Planteó la necesidad de romper con el férreo esquema burocrático de la curia romana y propuso el retorno a la “apostolicidad” de la Iglesia primitiva. Planteó asimismo la pertinencia de una participación más activa de la mujer en todas las esferas de la Iglesia y de volver opcional -no obligatorio- el celibato sacerdotal.

-III-

Calificó de “perniciosa” y “retrógrada” la encíclica “Humanae Vitae”, de Paulo VI, contra la contracepción. Criticó a Juan Pablo II (“un hombre carismático, dotado de una asombrosa facilidad para la publicidad, [que] con sorprendente facilidad se ha convertido en una estrella mediática”), aunque también protagonista de “una traición al concilio (…) que ha alejado a incontables católicos de la iglesia en todo el mundo”, merced a “un magisterio tan conservador como autoritario”.

(Continuará mañana).

jagelias@gmail.com

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