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Viernes, 21 de Septiembre 2018

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- Gobierno austero

Por: Jaime García Elías

- Gobierno austero

- Gobierno austero

En campaña y en los debates con los otros aspirantes, el entonces candidato López Obrador insistió hasta la terquedad en que muchos de sus compromisos, supuestamente irrealizables por costosos, según sus antagonistas y sus críticos, serían factibles gracias a los ahorros que se harían por el simple hecho de tener, con él como Presidente, algo inédito en México e inconcebible, por ende, para los mexicanos: un Gobierno austero.

-II-

De entrada, ¿quién, en su sano juicio, estaría dispuesto a formar parte del aparato gubernamental, en México, de manera generosa y desinteresada, sólo por afán de servicio o por amor al prójimo? ¿Quién querría fungir como “servidor público”, por tres o en el mejor de los casos por seis años, sin dar por descontada una retribución extraordinaria, inaccesible para el ciudadano que se gana honestamente la vida mediante el trabajo duro y honrado? ¿A quién atraería vivir del Presupuesto, advertido de que su salario estaría al nivel de la honesta medianía, por una parte; de que no tendría las generosas prestaciones adicionales de la alta burocracia, por la otra, ni tendría -lo más importante- acceso franco a las arcas públicas y a los esquemas de corrupción institucionalizados, que propician enriquecimientos que, bien visto, nada tienen de “inexplicables”?

El “plan de austeridad” encomendado por López Obrador a los integrantes de la LXIV Legislatura en el Congreso como una prioridad de su Gobierno, contempla, de entrada, una reducción de 50% del salario del Presidente, diputados, senadores, secretarios de Estado y alta burocracia en general; la supresión de subsecretarías y delegaciones de dependencias del Gobierno federal en los estados, y de comisiones en el Congreso; la eliminación de subvenciones, seguros de gastos médicos y viajes al extranjero para funcionarios públicos y “representantes populares” acostumbrados, hasta ahora, a despacharse con la cuchara grande, impunemente y a sus anchas. El programa incluye una drástica depuración del aparato burocrático, sin despidos masivos en las “infanterías” castigadas con bajos salarios y exiguas prestaciones adicionales, sino suprimiendo a funcionarios “de confianza” -¿de la confianza de quién…?- y de la llamada “alta burocracia”.

-III-

La gran duda estriba en si el inevitable sacrificio económico a que el Gobierno someterá a sus colaboradores más cercanos no irá en detrimento de su eficiencia, ya de suyo discutible… o si no acrecentará su astucia para obtener mediante “mordidas”, “mochadas” y similares, lo que dejarán de percibir mediante dietas o salarios.

Después de todo, por algo dicen que “lo barato cuesta caro”…

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