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Jueves, 13 de Diciembre 2018

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- Copia y pega (y II)

Por: Jaime García Elías

- Copia y pega (y II)

- Copia y pega (y II)

No deja de ser paradójico que el inminente Presidente que plantea la posibilidad de someter a consulta popular si debe investigarse y eventualmente sancionarse a funcionarios públicos -incluidos sus predecesores- de administraciones pasadas, si hubiere indicios de que hubiesen cometido delitos, o se les debe otorgar amnistía (eufemismo por impunidad), proponga otra consulta, ésta para pergeñar una serie de preceptos éticos que se presuponen consabidos, y proclamarlos norma de conducta obligatoria, suprema y generalizada, con el rimbombante título de Constitución Moral.

-II-

La validez de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, de 1944, que se pretende actualizar mediante el mamotreto mencionado, es indiscutible. Los valores que en ella se ponderan son de validez universal. Tienen la misma vigencia que los postulados de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, por ejemplo.

Modelos similares a los que seguramente serán incluidos en la dichosa Constitución Moral, constan, esenciales en el fondo, con mínimas variantes de forma, en los principios de doctrina de todos los partidos políticos existentes en México. Todos encomian los valores esenciales de la democracia: el respeto, la tolerancia, etc. (Los del PAN, muy particularmente, ponderan la imperiosa necesidad de subordinar la política a la ética. Hablan del bien común como el valor supremo de una actividad -la política- que, en la práctica, se ha desnaturalizado y corrompido por obra y (des)gracia de la deshonestidad y la incompetencia que -manes de la fragilidad humana, subproductos indeseables del ejercicio del poder- han  prevalecido sobre la honradez y la aptitud deseables en todo gobernante).

-III-

No hay mayor diferencia entre escribir unas líneas cada día, reunirlas y editarlas en forma de uno de esos libritos de superación personal que se venden hasta en los puestos de periódicos, y redactar una Constitución Moral, sintetizando las propuestas de cuantos participen en la consulta anunciada. Como se ha apuntado, una Constitución Moral difícilmente pasará de ser un catálogo de frases bonitas y buenas intenciones, porque no hay manera de exigir su puntual cumplimiento a todos los ciudadanos, ni de sancionar a quienes la desacaten.

Lo mejor que puede hacer un gobernante para que la honradez y virtudes afines sean norma de su gobierno y modelo de sus gobernados, es poner el ejemplo. La corrupción no tiene cabida en un régimen en que el respeto irrestricto a la ley se cumple sin excepciones.

Parafraseando a Oscar Wilde: “El deber es tarea de cada cual; no lo que esperamos que hagan los otros”.
 

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