La grasa abdominal es uno de los temas más debatidos cuando se habla de salud, estética y bienestar. Su presencia suele generar preocupación, ya que se asocia tanto con la imagen corporal como con diversos riesgos metabólicos. Sin embargo, alrededor de este tipo de grasa existen múltiples creencias que no siempre están respaldadas por evidencia científica. Conocer qué es cierto y qué no resulta clave para tomar decisiones informadas.La grasa abdominal se divide principalmente en dos tipos: grasa subcutánea, que se encuentra justo debajo de la piel, y grasa visceral, localizada alrededor de los órganos internos. Esta última es la que se vincula con mayor frecuencia a problemas de salud, ya que puede influir en procesos inflamatorios y metabólicos.Una de las ideas más comunes es que la grasa en el abdomen afecta únicamente la apariencia física. En realidad, la acumulación excesiva de grasa visceral se ha relacionado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos.No toda la grasa en el abdomen representa el mismo riesgo. La grasa subcutánea suele ser menos peligrosa que la visceral. Aunque ambas pueden aumentar con el exceso de calorías y el sedentarismo, la grasa visceral es metabólicamente más activa y tiene mayor impacto en la salud general.Ejercitar el abdomen fortalece los músculos, pero no elimina de forma localizada la grasa acumulada en esa zona. La reducción de grasa corporal ocurre de manera general y depende de factores como la alimentación, el gasto energético total y el equilibrio hormonal.Una dieta alta en azúcares simples, grasas saturadas y productos ultraprocesados favorece la acumulación de grasa abdominal. Por el contrario, una alimentación equilibrada, rica en fibra, proteínas de calidad y grasas saludables, contribuye a mejorar la composición corporal y a reducir la grasa visceral con el tiempo.Incluso personas con peso considerado normal pueden presentar un exceso de grasa visceral. Este fenómeno, conocido como “obesidad metabólica”, demuestra que el peso por sí solo no siempre refleja el estado real de salud.El estrés crónico y la falta de sueño adecuado pueden favorecer el aumento de grasa abdominal. El cortisol, una hormona relacionada con el estrés, está asociado con la acumulación de grasa en la zona del abdomen cuando se mantiene elevado de forma prolongada.No existe evidencia sólida que respalde la efectividad de suplementos o productos milagro para eliminar la grasa abdominal. La reducción sostenible de este tipo de grasa requiere cambios consistentes en hábitos de alimentación, actividad física y estilo de vida.Comprender la diferencia entre mitos y realidades permite abordar la grasa abdominal desde una perspectiva más informada. La combinación de una alimentación equilibrada, ejercicio regular, manejo del estrés y descanso adecuado sigue siendo la estrategia más efectiva para mejorar la salud abdominal y general.* * * Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp * * *BB