A los seis años, Ricardo Olivares comenzó a relacionarse con la escultura a través de la plastilina y la madera. Su padre, también escultor, había acercado el oficio a su infancia, aunque pasaron varias décadas antes de que el arte se convirtiera en su profesión. Ahora, para conmemorar 50 años de vida, el artista reunirá parte de su trayectoria en la exposición “50 años, 50 obras”, que será inaugurada el 3 de septiembre en el Palacio Municipal de Guadalajara.Olivares dejó la escultura durante su infancia para concentrarse en sus estudios y posteriormente ejercer como abogado. El regreso al arte ocurrió cuando tenía 37 años, durante un periodo de reposo médico que lo llevó a trabajar nuevamente con sus manos.“Fue cuando me enganché del arte por una situación médica, no podía salir de casa, el doctor me recomendó un reposo. Entonces yo me puse a hacer una escultura, me encantó lo que hice. Solamente quería expresarme”, recordó en entrevista con EL INFORMADOR.Aquella pieza fue el punto de partida para una actividad que comenzó a compartir con su ejercicio profesional. Durante algunos años combinó la abogacía con la escultura, hasta que decidió dejar el derecho para dedicarse de lleno al arte.“Llegó el momento donde sentí que tenía que soltar para poder abrazar el arte de manera más profesional. Y esto fue hace 12 años. En ese momento y hasta la fecha ha sido mi única pasión, mi único oficio, mi única profesión y ha sido maravillosa”, señaló.En ese periodo, Olivares calcula que ha realizado alrededor de 150 esculturas. La selección para “50 años, 50 obras” implicó revisar parte de ese trabajo y elegir las piezas que representaran diferentes momentos de su producción.La muestra estará integrada por 50 obras: 40 esculturas, de las cuales entre 37 y 38 serán de bronce y dos o tres de acrílico, además de 10 piezas correspondientes a otras disciplinas que también ha trabajado, como la pintura y el grabado.“Ha sido complicado porque todas las obras son como pequeñas hijas. Sin embargo, ya llegamos al punto donde pudimos elegir 50 que son las ganadoras”, explicó.La exposición permite observar las distintas líneas que han atravesado su producción. Olivares comenzó explorando la figura humana y animal sin un conocimiento académico de la anatomía y posteriormente desarrolló colecciones relacionadas con personajes, naturaleza, temas sociales y mundos imaginarios.Una de ellas parte de la figura de los reyes. El artista explica que su interés no se limita a la representación de la realeza, pues busca trabajar conceptos relacionados con el poder, las batallas y distintos aspectos simbólicos.También está “Hombre y vida”, una pieza que utiliza la relación entre una persona y la naturaleza como punto de partida. En otras colecciones aparecen astronautas y personajes vinculados con la imaginación infantil, mientras que algunos animales le han permitido desarrollar ideas sobre la posibilidad de alcanzar aquello que parece imposible.En ese proceso, Olivares no parte necesariamente de una idea que deba permanecer intacta hasta el final. La escultura, dice, puede modificar el rumbo de la pieza.“Puedo empezar un proyecto, de hecho muchas de las veces lo hago así, con una idea en la cabeza y termina siendo otra totalmente distinta, dependiendo de lo que la escultura me vaya diciendo. Y cuando me llega el momento de que la escultura ha terminado, lo sé. Ahí ya se acabó, no necesita más. La escultura y yo tenemos un lenguaje”, comentó.Su rutina tampoco responde a horarios establecidos. Trabaja varias piezas al mismo tiempo y adapta el proceso a las necesidades de cada proyecto.“No hay un proceso de ideas o de horas. Yo no trabajo así. Puedo trabajar un sábado a las 11 de la noche, un domingo a las 8 de la mañana. No llevo ningún protocolo para hacerlo. Así intensivamente cuando tengo la oportunidad y eso sí, dedicarle muchas horas”, dijo.El escultor enfatiza que la evolución de una obra a otra no consiste solamente en dominar una técnica. Con el paso de los años ha encontrado nuevas formas de trabajar el cuerpo humano y figuras complejas, pero sostiene que la capacidad de sorprenderse frente a una pieza debe permanecer.“Hay una evolución, hay un nuevo lenguaje. Y lo complicado para los artistas es que ese nuevo lenguaje debe ser mejor, debe tener una evolución, debe contar una mejora en la próxima. Pero que no traiciones la anterior obra o que haya una modificación, un cambio sustancial, porque al final tú tienes que seguir con un camino que sea reconocible y que no deje de gustarte”, explicó.La exposición del Palacio Municipal también representa una revisión de ese camino. La selección fue realizada junto con el curador con quien, según explicó, existe coordinación para definir el hilo de la muestra.“Él perfectamente ha entendido la necesidad de la propia exposición y entonces mis ideas han sido totalmente consideradas con las suyas”, señaló.Olivares dice que llevar obra a espacios públicos permite ampliar el contacto entre el arte y quienes habitualmente no acuden a una galería o museo. En los últimos años ha recurrido también a plataformas digitales para difundir y comercializar su trabajo, una estrategia que modificó la manera en que se relaciona con los espectadores.Considera que las redes sociales abrieron una posibilidad que hace algunos años era más difícil para artistas que no formaban parte de los circuitos tradicionales.“Creo que fue mil veces más fácil de que lo hubiera sido hace 15 años. Yo llegué en el último momento porque a mí me tuvieron que aceptar”, sostuvo.Su apuesta ha sido desarrollar una relación directa con el público. En lugar de depender exclusivamente de galerías, ha utilizado distintas plataformas para mostrar sus piezas y facilitar que lleguen a coleccionistas y a personas que buscan incorporar una obra a sus espacios.Esa estrategia tuvo un momento particular durante 2020, cuando el cierre de galerías y espacios culturales modificó el mercado del arte. Mientras otros artistas enfrentaban dificultades para vender, Olivares encontró en las plataformas digitales una vía para mantener el contacto con sus compradores.“Resulta que cerraron sus galerías y todos mis colegas ya no podían cobrar. Yo nunca vendí nada como ese año. Fue increíblemente bueno. Nunca había vendido tanto como ese año porque la gente con dinero ya no podía salir, se la pasaba en su casa y se puso a decorar”, recordó.Al reunir varias décadas de trayectoria en una exposición, Olivares vuelve a mirar las piezas que han acompañado distintas etapas de su vida. Para él, revisar la primera obra y compararla con la más reciente permite reconocer una capacidad de sorpresa que se mantiene intacta. “Lo que es muy padre y siento que todos los artistas pueden conseguir conmigo es que en la primera y la última obra es igual de sorprendente para ellos. Es una sensación que no se acaba, que no se agota y eso es maravilloso”, expresó.