Cuando “Toy Story” apareció en los cines en 1995, revolucionó la animación por razones técnicas. Fue el primer largometraje realizado de manera total por computadora y abrió una nueva etapa y un horizonte insospechado para las posibilidades del cine animado. Sin embargo, tres décadas después, su importancia parece encontrarse en otro lugar.Más allá de la innovación tecnológica, la saga creada por Pixar consiguió algo mucho más difícil: convertirse en parte de la memoria emocional de varias generaciones.La llegada de “Toy Story 5” —actualmente en cartelera— supone el regreso de personajes que han acompañado a millones de espectadores durante treinta años. Algunos conocieron a Woody y Buzz Lightyear cuando eran niños; hoy son padres que llevarán a sus hijos al cine para descubrir una nueva aventura.La franquicia se ha convertido en uno de esos raros fenómenos culturales capaces de atravesar el tiempo sin perder relevancia. Para Alfonso Cortina, director de Disney Consumer Products, esa permanencia tiene una explicación sencilla: las historias continúan hablando de experiencias humanas, a través de las peripecias de juguetes.“Es una propiedad que ha trascendido a muchísimas generaciones. Ya con estos 30 años de historia, prácticamente a todas las familias nos ha tocado verla en el cine en diferentes momentos de la vida. Es una propiedad que ya forma parte de nuestra historia y que, afortunadamente, tiene seguidores de diferentes rangos de edad”, dice en entrevista con EL INFORMADOR.El “Toy Story” que llega a los niños de hoy es distinto al que apareció hace treinta años: ahora lo hace en una época donde las formas de consumo cultural cambian con rapidez. Las plataformas digitales, las redes sociales y los dispositivos móviles han fragmentado las audiencias, y las experiencias compartidas parecen cada vez menos frecuentes en el tráfago y el ruido de todos los días. Frente a ese panorama, ciertas historias conservan la capacidad de reunir a distintas generaciones en un mismo espacio. “Para muchos niños será la primera vez que vean una película de ‘Toy Story’ en el cine. Evidentemente nosotros lo hacemos en familia y seguramente mucha gente también lo hará. Es momento de maratonear las cuatro películas anteriores para llegar a la quinta y ver la historia completa”, dice Alfonso Cortina.El caso de Disney resulta interesante porque su catálogo ha logrado mantenerse vigente durante más de un siglo en contextos sociales y culturales muy distintos entre sí. Personajes creados para públicos específicos terminan formando parte de conversaciones globales que atraviesan idiomas, fronteras y edades. Cortina considera que la clave está en la construcción de relatos universales. “Son historias que hablan de valores, de conexiones y de emociones. No importa tu nacionalidad ni tu edad; son temas que te tocan y te llegan. Pueden pasar los años y siguen vigentes”, asegura.La amistad entre Woody y Buzz Lightyear, por ejemplo, constituye uno de los vínculos más reconocibles de la cultura popular contemporánea. Su relación comenzó desde la rivalidad y la competencia, pero evolucionó hacia una amistad construida sobre la confianza y la colaboración. “Todos sabemos lo importante que es tener un gran amigo. Son historias que trascienden el tiempo y las fronteras precisamente porque hablan de experiencias que cualquier persona puede entender”, comparte. Desde su primera entrega, “Toy Story” ha utilizado juguetes para abordar temas mucho más complejos que la simple aventura infantil. La primera película hablaba sobre el miedo a ser reemplazado. La segunda exploraba la pérdida y el abandono. La tercera se convirtió en una reflexión sobre el crecimiento y las despedidas. La cuarta abordó la búsqueda de identidad y propósito. La nueva película continúa esa tradición al colocar a sus personajes frente a un desafío propio del siglo XXI: la creciente presencia de la tecnología en la vida cotidiana.Los juguetes que durante décadas ocuparon el centro de la imaginación infantil ahora deben convivir con dispositivos electrónicos, aplicaciones y nuevas formas de entretenimiento. La premisa funciona como un espejo de una transformación que muchas familias experimentan diariamente. “La película muestra un mundo muy actual y refleja muchas de las cosas que están ocurriendo hoy. La tecnología ocupa un lugar cada vez más importante, pero al mismo tiempo la película pone en primer plano el juego, la creatividad y la imaginación como elementos capaces de generar momentos memorables”, dice Alfonso Cortina.Durante décadas, el cine funcionó como un espacio de encuentro donde padres, hijos y abuelos compartían referencias comunes. En años recientes, esa experiencia se ha fragmentado entre plataformas, dispositivos y consumos individuales. Ante ese escenario, producciones como “Toy Story” mantienen una capacidad poco habitual para convocar a públicos diversos alrededor de una misma historia. “A través de las historias se generan conexiones. Las películas ayudan a fortalecer el cariño y el amor hacia quienes nos rodean. También permiten compartir experiencias y construir recuerdos juntos”.Para Disney, esa capacidad de generar recuerdos forma parte esencial de su propuesta cultural. No se trata tan solo de producir películas exitosas, sino de construir relatos que acompañen distintos momentos de la vida de las personas. “Las historias generan conexiones, recuerdos y momentos que permanecen con nosotros. La gente todavía no ve la película y ya comienza a emocionarse, a prepararse, a compartir su entusiasmo. Eso también forma parte de la magia de estas historias”, finalizó.La expectativa alrededor de “Toy Story 5” confirma esa vigencia. A diferencia de otras franquicias que dependen principalmente de la nostalgia, la saga continúa encontrando nuevas generaciones de espectadores mientras conserva el vínculo con quienes crecieron. La historia del cine está llena de personajes exitosos. Son menos frecuentes aquellos que logran permanecer durante décadas dentro de la vida cotidiana de las personas.Woody, Buzz Lightyear y Jessie pertenecen a esa categoría. Treinta años después de su debut, los juguetes de Pixar siguen recordando algo que permanece vigente incluso en tiempos de pantallas y algoritmos: las mejores historias continúan siendo aquellas que ayudan a las personas a encontrarse unas con otras. Y pocas franquicias han logrado hacerlo con tanta consistencia como “Toy Story”.