La exitosa película de Netflix, titulada Los dos Papas y dirigida por el cineasta Fernando Meirelles, instaló en la memoria colectiva una de las secuencias más entrañables y comentadas del cine contemporáneo. La trama muestra un retrato íntimo y humorístico de los Papas Francisco y Benedicto XVI compartiendo una velada deportiva frente a la televisión con motivo del Mundial Brasil 2014... ¿pero esto ocurrió realmente?En el clímax de la cinta, los personajes interpretados por los consagrados actores Anthony Hopkins y Jonathan Pryce se sientan uno al lado del otro para presenciar el partido final de la Copa del Mundo. El enfrentamiento deportivo ponía a competir a las selecciones nacionales de sus respectivos países de origen.La ingeniosa secuencia expone al teólogo alemán, el Papa emérito Benedicto XVI, y al jesuita argentino, el Papa Francisco, compartiendo botanas, portando bufandas de sus equipos y debatiendo con pasión apasionada sobre las jugadas de sus escuadras, desatando una oleada de preguntas sobre la veracidad del hecho histórico.A pesar del realismo de las actuaciones y del impecable guion cinematográfico elaborado por Anthony McCarten, la escena representa una licencia dramática creada exclusivamente para potenciar el arco narrativo y la emotividad de la producción audiovisual, pues carece de sustento en los registros históricos oficiales de la Santa Sede: es decir, en realidad los Papas nunca vieron juntos la final del Mundial. Voceros de la curia romana aclararon en su momento que, si bien el partido definitivo entre las escuadras de Alemania y Argentina causó gran expectación dentro de los muros de la residencia papal, los dos líderes religiosos no sintonizaron la transmisión televisiva de manera conjunta ni compartieron el espacio físico esa noche.De hecho, el Papa Francisco declaró en alguna ocasión en diversas entrevistas periodísticas que, debido a un voto de abstinencia televisiva que realizó de forma personal en el año 1990, no consumía contenidos a través de pantallas tradicionales, enterándose de los resultados de los partidos de San Lorenzo y de la selección mediante reportes escritos de sus secretarios.Para los expertos en cine, la invención de esta interacción entre Francisco y Benedicto XVI posee un trasfondo simbólico sumamente profundo que trasciende la simple comedia. El director utilizó el futbol, un lenguaje universal, para escenificar la transición y el puente de entendimiento entre dos visiones de la fe. La película utiliza el partido como una herramienta poética para demostrar que, a pesar de las marcadas diferencias teológicas, políticas e ideológicas que existían entre el ala conservadora europea y el ala reformista latinoamericana, es posible encontrar puntos de comunión y fraternidad humana a través del respeto mutuo.El largometraje fue recibido con elogios internacionales por humanizar la figura de los jerarcas católicos, mostrando sus dudas, pasiones ordinarias y momentos de esparcimiento. La escena del Mundial funciona de forma sencilla como el cierre perfecto para una historia que explora la tolerancia y la conciliación en tiempos de crisis institucional.JM