Durante años, Diego de León (Smi-Lee) observó MasterChef desde el otro lado de la pantalla. Como millones de espectadores, seguía cada temporada imaginando cómo sería cocinar en la cocina más famosa de México, enfrentarse al reloj y presentar un platillo frente a algunos de los chefs más reconocidos del país.Aquella imagen terminó convirtiéndose en una meta personal. Cuando finalmente cruzó esas puertas como participante de MasterChef Celebrity Generaciones 24/7, sintió que el objetivo principal ya estaba cumplido incluso antes de comenzar la competencia.La aventura concluyó para el creador de contenido, tras convertirse en el octavo eliminado del reality. Sin embargo, lejos de hablar de una derrota, Diego recuerda el programa como una experiencia que transformó su manera de entender la cocina y también su vida cotidiana."Esto fue un sueño cumplido para mí. Vi todas las temporadas anteriores y moría por estar ahí. El simple hecho de participar ya significaba cumplir una meta. Me voy muy feliz con el desempeño que tuve y con los platillos que entregué. La vida tiene sus sorpresas y unas espinas me llevaron a la eliminación, pero estoy satisfecho con todo el esfuerzo que puse en cada reto", compartió en entrevista con EL INFORMADOR. Su relación con la cocina comenzó mucho antes de los reflectores. Cuando tenía alrededor de ocho años, observaba a su madre preparar la comida familiar y aprovechaba cada oportunidad para preguntar qué estaba cocinando. Entre picadillos, tinga, enchiladas y otros platillos cotidianos fue aprendiendo los primeros pasos que, con el tiempo, despertarían una afición permanente."Nunca cociné de manera profesional. Siempre lo hacía para mi familia o para mi novia. Era algo que disfrutaba mucho y por eso decidí mandar el casting", recuerda. "Cuando me quedé empecé a estudiar, a buscar nuevas técnicas y a prepararme. Ya estando ahí te das cuenta de que no sabes nada, porque la gastronomía es un mundo enorme y merece muchísimo respeto".Ese descubrimiento terminó ampliando sus aspiraciones. Después de convivir con chefs profesionales y conocer nuevas técnicas culinarias, Diego reconoce que la cocina dejó de ser únicamente un pasatiempo. “A mediano plazo sí me gustaría abrir un restaurante. Me gustaría que la gente pudiera probar mis platillos. Claro que un proyecto así requiere inversión, planeación y hacerlo bien, así que no sería inmediato, pero sí es un sueño que me gustaría cumplir porque cocinar es algo que disfruto muchísimo”. Más allá de las recetas, la competencia también representó un desafío personal. El formato 24/7, estrenado esta temporada, obligó a los participantes a convivir de manera permanente, compartiendo jornadas completas de preparación, clases y competencia. Para Diego, esa experiencia resultó tan exigente como enriquecedora, pues precisamente ese formato permanente modificó la percepción que tenía sobre la competencia televisiva. Desde su experiencia, el público observa únicamente una parte de lo que ocurre."Lo que más disfrutaba eran las cocinadas diarias. Todos los días que bajaba a esa cocina sentía que estaba viviendo un sueño. Lo más complicado fue adaptarme al encierro y a convivir con personas que no conocía. Soy alguien bastante introvertido y nunca me imaginé viviendo algo así. Al final me demostré que podía hacerlo", dice."La gente ve pequeños fragmentos y construye una opinión a partir de eso. Pero adentro las emociones son muy intensas. El cansancio, la presión y la convivencia hacen que situaciones muy pequeñas se vivan de otra manera. Hay momentos que desde la televisión parecen insignificantes y para nosotros representaban muchísimo". Esa convivencia también terminó dejando enseñanzas que van mucho más allá de la cocina. "Antes de entrar llevaba una vida muy monótona. Había cosas que daba por sentadas, como mi familia o mi novia. Estar dentro me hizo valorar mucho más esos pequeños momentos. También descubrí que puedo tener disciplina para cualquier meta que me proponga. Había días en los que estabas agotado, pero aun así había que levantarse temprano para volver a aprender y competir".En el terreno gastronómico, la oportunidad de recibir clases directamente de chefs consolidados cambió su manera de entender la cocina. "Los conocimientos que te brindan son impresionantes. Aprendes sobre sabores, texturas, creatividad y técnicas que nunca habías imaginado. Cocinar es arte. Ver a personas tan apasionadas compartiendo todo lo que saben fue una de las experiencias más valiosas que me llevo".Al abandonar la competencia llegó otra sorpresa: descubrir el respaldo que había encontrado entre los espectadores, y aunque reconoce que también existieron críticas relacionadas con las alianzas y convivencias dentro del programa, asegura que nunca perdió de vista el objetivo principal. "Estábamos completamente incomunicados, así que no sabía qué estaba pasando afuera. Cuando salí me encontré con muchísima gente que me decía que era su favorito para llegar a la final. Me emocionó mucho leer todos esos mensajes y saber que conectaron con mi cocina", asegura. "Adentro estás concentrado en sacar el mejor platillo posible. No me arrepiento de nada de lo que hice. Me voy muy feliz con mi participación".Sobre el desenlace de la temporada, Diego considera que Julio reúne las condiciones para convertirse en campeón gracias a la creatividad de sus propuestas, aunque también reconoce el potencial de Luis y Claudia, dos participantes que, asegura, han mostrado un crecimiento constante a lo largo de la competencia.Mientras tanto, él regresa a su rutina con una manera distinta de cocinar. La experiencia en MasterChef 24/7 no lo alejó de la cocina casera; por el contrario, le enseñó que los platillos más sencillos también pueden enriquecerse con nuevas técnicas y otras influencias gastronómicas."Lo bonito es combinar ambas cosas. Puedes tomar un platillo muy casero y transformarlo con técnicas contemporáneas. Esa mezcla es lo que más me interesa seguir explorando", finalizó.JM