El actor y productor venezolano Edgar Ramírez visitó Guadalajara para presentar ante medios de comunicación la película “Aún es de noche en Caracas”, un thriller inspirado en “La hija de la española”, novela de Karina Sainz Borgo que aborda la experiencia de la diáspora venezolana. Ramírez participa también como productor y en entrevista con EL INFORMADOR, habló sobre el proceso creativo, el rodaje y el vínculo de la historia con la realidad social y política de su país.La película toma como punto de partida una vivencia individual para situarla en un contexto colectivo. Desde esa perspectiva, Ramírez explicó que el primer acercamiento al montaje final fue un momento revelador. “Me conmovió mucho porque me hizo darme cuenta cuántos años han pasado desde que comenzó la destrucción de mi país”, señaló. Al ver la película terminada, el actor identificó un fenómeno que atraviesa a quienes viven en contextos prolongados de violencia y precariedad. “Llega un momento en que te acostumbras al horror, se apagan las alarmas y ya no hay más titulares. Te acostumbras a vivir en un modo de absoluta supervivencia”.Esa normalización de la violencia fue uno de los elementos que más lo impactó durante el proceso. Según explicó, la película le permitió dimensionar el tiempo transcurrido bajo un sistema que, desde su perspectiva, ha afectado de manera profunda a la sociedad venezolana. “Cuántos años llevamos los venezolanos sometidos a los estragos de un sistema totalitario que nos ha robado la libertad, que ha mancillado nuestros derechos y ha destruido el tejido social y las instituciones”, afirmó. Al mismo tiempo, subrayó que el cine también abre la posibilidad de establecer paralelos con otras realidades. “Me hizo entender, como suele ser el cine, que también permite empatizar con otras sociedades y con otros países que han pasado por lo mismo a lo largo de la historia”.Durante la conversación, Ramírez destacó que, aunque la historia se sitúa en Venezuela, su alcance es más amplio. En ese sentido, reconoció que diversos episodios pueden remitir a experiencias vividas en otros países de América Latina, incluido México. “Eso puede ser el reflejo de Latinoamérica y el mundo entero”, dijo al ser cuestionado sobre ese espejo regional. Para el actor, esa fue una de las principales razones para involucrarse en el proyecto. “Para mí era muy importante que esta película fuese primero y principalmente un vehículo artístico que hablara de la naturaleza humana, del drama humano y de los límites de la naturaleza humana”.Ramírez insistió en que la intención de “Aún es de noche en Caracas” no fue construir un discurso proselitista ni un alegato político directo. “Aun cuando todo arte es político y aun cuando la película vive en un espacio en el que se pueden abrir cientos de discusiones políticas, la intención detrás de esta película no es proselitista ni revanchista, ni un vehículo de denuncia”, explicó. En cambio, el énfasis está puesto en lo íntimo. “Es una tragedia contada desde un punto de vista íntimo y enfocado en las víctimas. Para nosotros eso era muy importante”.Ese enfoque, añadió, busca generar empatía a partir de las historias personales. “El arte tiene esa capacidad de acompañarte en los momentos más oscuros”, señaló. Desde su experiencia, el cine puede funcionar como un espacio de acompañamiento tanto para quienes han vivido directamente esas circunstancias como para quienes se acercan a ellas desde otros contextos. En ese sentido, remarcó que el proyecto tiene un vínculo estrecho con México, no solo por el rodaje, sino por su origen como producción. “Esto es una película mexicana. No es una coproducción con Venezuela”, puntualizó. El carácter latinoamericano del proyecto se refleja también en su equipo creativo y elenco. Ramírez detalló que una de las directoras, Mariana Rondón, es venezolana; Marité Ugás, también directora, es peruana y vivió durante años en Venezuela; mientras que gran parte del elenco está conformado por actores venezolanos que residen en México. A ello se suma la participación de la actriz colombiana Natalia Reyes. “Es una película latinoamericana hecha desde México sobre un drama venezolano”, resumió. Para el actor, esta combinación evidenció una forma de solidaridad que el cine hace posible. “Cómo el cine abre el espacio para una solidaridad sin precedentes”.El proceso de filmación fue uno de los aspectos más complejos del proyecto. Ramírez explicó que prácticamente toda la película se rodó en México, principalmente en la colonia Anzures donde se recrearon los espacios necesarios para contar la historia. Sin embargo, hubo excepciones. “Solamente hubo un día de filmación en Caracas que fue completamente clandestino, de guerrilla”, relató. Para poder llevar a cabo esas grabaciones, el equipo tuvo que recurrir a estrategias extraordinarias. “Se tuvo que escribir un guion falso, paralelo, para poder encontrar los permisos”, explicó Ramírez, quien subrayó que la película, con su guion real, no habría obtenido autorización para filmar en Venezuela. El rodaje se realizó con un equipo mínimo, lo que generó un ambiente de tensión constante. “Fueron días muy estresantes porque cualquier cosa podía pasar”, dijo.El actor mencionó que el contexto político incrementó los riesgos para quienes participaron en esas jornadas. “El régimen venezolano goza de una enorme cantidad de presos políticos, entre los cuales hay periodistas, abogados de derechos humanos, personas que alquilan equipos de sonido”, señaló. Bajo esas circunstancias, el equipo asumió que cualquier integrante del crew podía enfrentar consecuencias graves. “Fácilmente podían llevarse presos a cualquiera de los miembros de nuestro equipo en Venezuela”, afirmó.Hacia el cierre de la conversación, Ramírez reflexionó sobre el desenlace de la película y su vínculo con la realidad de miles de personas que se han visto obligadas a abandonar su país. Sin entrar en detalles del final, el actor se refirió a la experiencia de imaginar un nuevo comienzo lejos del lugar de origen. “Los venezolanos estamos tratando en este momento de imaginarnos un futuro después de 25 años de devastación”, expresó. Para él, ese ejercicio implica enfrentar una pregunta central: “Cómo vives tanto tiempo sin la sensación de futuro”.La película se estrenará el próximo 5 de febrero en salas de cine de México y otros países de América Latina, marcando el inicio de su recorrido comercial en la región. La historia sigue a una mujer que sobrevive en una ciudad en guerra, donde el Estado responde con violencia a las protestas. Cuando un grupo armado invade su casa, se ve obligada a huir y a tomar decisiones que ponen en tensión su código moral. Es una historia de supervivencia. CT