Faltan 12 días para el inicio del Mundial 2026, la histórica rivalidad entre Europa y Sudamérica vuelve a encenderse. Las selecciones de la UEFA defienden su hegemonía con 12 títulos mundiales, mientras que la Conmebol, impulsada por el reciente triunfo de Argentina, suma 10 coronas y busca acortar la distancia en el torneo de Norteamérica. El dominio europeo se sostiene gracias a cinco potencias: Alemania e Italia lideran con cuatro Copas del Mundo cada una, seguidas por Francia con dos, y España e Inglaterra con una. Por su parte, América del Sur responde con sus tres gigantes: Brasil ostenta el récord con cinco mundiales, Argentina suma tres y Uruguay dos, dejando a la Conmebol a solo dos títulos de empatar la marca histórica del Viejo Continente.El peso de estas cifras cobra una dimensión monumental al recordar que, en casi un siglo de historia, la gloria del torneo ha sido un club de acceso exclusivo: solo ocho países en todo el planeta han sabido lo que es coronarse campeones del mundo.De acuerdo con la tendencia contemporánea, el dominio europeo se ha hecho más evidente. A pesar del reciente triunfo argentino en Qatar 2022, la balanza de los últimos cinco mundiales se inclina con un contundente cuatro a uno a favor de las selecciones de la UEFA.La seguidilla de títulos europeos en la Copa del Mundo inició en Alemania 2006 con la consagración de Italia. Posteriormente, España se proclamó campeona en Sudáfrica 2010, Alemania repitió el éxito en Brasil 2014 y Francia reafirmó esa tendencia al quedarse con el campeonato en Rusia 2018.Las selecciones europeas han hecho valer su condición de anfitrionas en casi todas las Copas del Mundo celebradas en su territorio, al conquistar la mayoría de esos torneos. Frente a ello, los representativos sudamericanos han buscado responder con la combatividad y el carácter que históricamente los distinguen.El gran reto para la Conmebol en las últimas décadas ha sido la sequía del Scratch. Brasil, el máximo exponente de la efectividad sudamericana, no ha podido levantar el trofeo desde la campaña de Corea-Japón 2002, dejando una enorme responsabilidad sobre sus vecinos del continente.Esta rivalidad transatlántica ha dejado en el rezago absoluto al resto de las confederaciones de la FIFA. Regiones de gran crecimiento como África, Asia o la Concacaf llegan a la edición 23 del certamen sin haber clasificado, al menos, a un finalista.La expansión del formato a 48 selecciones, que se pondrá en marcha en las canchas de Estados Unidos, México y Canadá, ya alteró las cuotas de poder tradicionales al otorgar a Europa un total de 16 plazas directas y a Sudamérica 6 cupos fijos, ampliando las opciones de ambos bloques.Sin embargo, es un enigma si en otras regiones podrán sacar provecho de su respectivo aumento de lugares en el torneo, aunque actuaciones como las de Marruecos en 2022 o Corea del Sur en 2002 representan una pequeña luz de esperanza para hacerse un espacio en la élite.Pero la UEFA buscará estirar en Norteamérica su ventaja para blindar su estatus de máxima potencia, mientras que la armada suramericana saltará al césped con la misión de acortar distancias, recordando que en la mesa de los campeones los puestos están contados.*Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsAppOF