Sábado, 07 de Marzo 2026

El amor en tiempos del Clásico Tapatío

Mariel Orozco y Alejandro Navarro han creado una pareja en medio del antagonismo entre Chivas y Atlas

Por: El Informador

En casa de los Navarro Orozco el futbol es motivo de unión. EL INFORMADOR/J. Robles

En casa de los Navarro Orozco el futbol es motivo de unión. EL INFORMADOR/J. Robles

En Guadalajara, el futbol no es un deporte, es un código genético que divide familias antes del bautizo. Sin embargo, en el hogar de Alejandro Navarro y Mariel Orozco, la rivalidad más añeja de México no es motivo de peleas, sino el ingrediente secreto de un matrimonio que sabe que el amor sobrevive a cualquier fuera de lugar.

Ella, Mariel, es “Rojinegra hasta los huesos”, de esas que llevan la “Fiel” como estandarte. Él, Alejandro, es un “Chiva de corazón” que no concibe la vida sin las rayas rojas y blancas.

El marcador en casa, sin embargo, tiene una ligera inclinación hacia el Rebaño: sus dos hijos, Alejandro y Santiago, heredaron la pasión de papá. Mariel lo acepta con una mezcla de resignación y filosofía, sabiendo que, aunque en la mesa son mayoría rojiblanca, en el mando a distancia, ella nunca baja la guardia.

Cuando llega la semana del Clásico, el aire en casa cambia. No hay silencios tensos, sino una “picardía” que empieza desde el desayuno. “En Jalisco, el futbol es parte de lo que somos”, dice Mariel, quien confiesa que las apuestas son el plato fuerte. No se juegan fortunas, se juegan el orgullo doméstico: desde quién paga la cena hasta quién se encarga de los masajes o de las tareas del hogar por una semana. Es un duelo donde el perdedor termina lavando los platos, pero con una sonrisa en la cara.

Alejandro lo tiene claro: “Organizamos la carnita asada y empieza la carrilla desde temprano”. Para él, defender a sus Chivas frente a su esposa es parte del folklore tapatío. “Gane quien gane, lo importante es que seguimos riendo. Inculcamos a nuestros hijos que, sin importar el color, lo que nos une es que somos tapatíos y el amor por el futbol se lleva en la sangre”.

Para esta pareja, el Clásico que se disputará este sábado en el estadio Jalisco no es una guerra, sino una celebración de identidad. Mientras Mariel grita “mil veces arriba el Atlas” y Alejandro defiende su estirpe ganadora, ambos coinciden en que el silbatazo final es el momento de colgar las banderas y fundirse en un abrazo.

En un mundo donde a veces la pasión se desborda, los Navarro Orozco son el recordatorio de que la rivalidad es hermosa cuando se queda en la cancha. Al final del día, el marcador es lo de menos; lo que importa es que el futbol une lo que los colores intentan separar.

Hoy en su sala habrá gritos, nervios y mucha “carrilla”, pero sobre todo, habrá una familia que demuestra que el Clásico Tapatío se vive mejor en paz, con un beso y, por supuesto, con un buen tequila para celebrar, o pasar el trago amargo de la derrota.

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones