El trabajo cultural dentro de las instituciones públicas implica gestionar recursos, dialogar con comunidades y sostener proyectos en contextos complejos. Para las mujeres que hoy encabezan museos bajo la administración del Ayuntamiento de Guadalajara, esa labor también atraviesa experiencias relacionadas con género, liderazgo y transformación social. En entrevista con EL INFORMADOR, directoras y encargadas de recintos culturales compartieron cómo ha sido construir trayectorias profesionales en un sector que, aseguran, ha cambiado gradualmente, aunque mantiene desafíos estructurales.Andrea Silva Ambriz, directora del Museo de la Ciudad de Guadalajara, explicó que su formación profesional ha estado marcada por referentes artísticos que vinculan el arte con procesos sociales. Cantante además de gestora cultural, señaló que la figura de Mercedes Sosa influyó de manera decisiva en su visión del trabajo cultural.“Para mí un referente siempre en temas de cultura y en temas profesionales ha sido Mercedes Sosa… utilizó el arte como una herramienta de transformación social y política, cosa que le costó incluso su exilio. Creo que el ser cantante es tener algo que decir a través de la música, a través de las letras, y ella lo hacía tratando de llegar a lo más profundo de la sensibilidad humana”.Desde su experiencia, el paso de la gestión independiente a la institucional no ha modificado los principales obstáculos del sector cultural. Explicó que, aunque la dirección de un museo implica nuevas responsabilidades administrativas, los problemas estructurales permanecen.“Los retos no han cambiado mucho. Generalmente tienen que ver con el tema de los recursos, del financiamiento y de la gestión económica de los proyectos. Tanto en el ámbito independiente como en el público, la gestión sigue siendo un trabajo complejo”.Sobre la participación femenina en espacios culturales, consideró que existe un avance visible en cargos de liderazgo, aunque persisten dinámicas desiguales en la toma de decisiones. Señaló que la presencia de más mujeres en puestos directivos permite imaginar estructuras más equitativas, pero advirtió que aún existen prácticas arraigadas.“Antes era complicado ver a mujeres en espacios directivos y ahora cada vez somos más, pero todavía hay mucho que conquistar. Muchas veces la toma de decisiones sigue dependiendo de voces masculinas y eso ocurre no solo en el sector cultural, sino en muchos ámbitos”.Silva Ambriz también abordó experiencias compartidas por mujeres en la gestión cultural relacionadas con el acceso a oportunidades profesionales. Indicó que situaciones como el acoso o insinuaciones condicionadas continúan presentes fuera de las instituciones como estructuras formales, pero dentro de dinámicas laborales generales.“Muchas colegas hemos vivido experiencias dolorosas que limitan tu labor, porque el crecimiento profesional a veces parece depender de aceptar situaciones injustas. Es algo que definitivamente tenemos que erradicar”.Añadió que existe una presión constante hacia las mujeres para demostrar preparación académica adicional como forma de legitimación profesional.“Siento que siempre estamos queriendo más preparación, porque existe la idea de que si no somos lo suficientemente capacitadas no habrá manera de avanzar. Muchas veces pasamos incluso por encima de nuestra salud mental para poder acceder a posiciones profesionales”.Entre los estereotipos persistentes, mencionó la tendencia a atribuir los logros de mujeres directivas a relaciones personales o privilegios sociales, lo que, afirmó, invisibiliza trayectorias laborales.“Es muy común que se demerite el talento y el esfuerzo de las mujeres y que se piense que llegaron a un puesto por vínculos personales. Incluso pueden tener estudios avanzados y aun así escuchar ese tipo de comentarios”.Respecto a las condiciones sociales, señaló que las tareas de cuidado siguen recayendo principalmente en mujeres, lo que impacta directamente en la producción cultural y artística.“Muchas mujeres tienen dobles o triples jornadas: trabajo fijo, creación artística y labores de cuidado. Eso complejiza el tiempo para crear y sigue siendo un reto social pendiente”.Para la directora, el 8 de marzo representa un espacio de reflexión colectiva más que únicamente una conmemoración.“Es una oportunidad para repensar el ser mujer fuera de los estereotipos y preguntarnos qué falta para construir relaciones más justas. Es un día sensible que recuerda luchas compartidas y la posibilidad de construir comunidad”.Aunado a lo anterior, Silva Ambriz destacó que desde las direcciones de los museos municipales se ha trabajado de manera constante para impulsar una programación más equitativa dentro de los espacios culturales. Explicó que uno de los objetivos ha sido generar una línea de trabajo que permita dar cabida a distintas expresiones artísticas, procurando un equilibrio en la presencia de artistas hombres y mujeres, aunque siempre priorizando criterios de calidad y talento.Señaló que este esfuerzo ya comienza a reflejarse en la programación de exposiciones y en el desarrollo de proyectos colaborativos. En particular, subrayó la importancia de las alianzas que se han construido con mujeres líderes del ámbito cultural, como las colaboraciones realizadas desde el Museo de la Ciudad con proyectos encabezados por Nati Mariposa, de Ortográfica, y Nani, de Feria Alquimia Gráfica.Para ella, el trabajo colectivo y la creación de redes entre mujeres han fortalecido significativamente estos espacios culturales. Asimismo, reconoció que el respaldo del equipo de trabajo ha sido fundamental para impulsar estas decisiones y para construir nuevas narrativas dentro de los recintos culturales de la ciudad.Desde otra perspectiva generacional, Mayra Huerta, directora del Museo Panteón de Belén, señaló que su experiencia ha estado marcada por dos factores: género y edad. Con 30 años, explicó que al asumir el cargo enfrentó cuestionamientos sobre su capacidad debido a su juventud. “Creo que sí hay un prejuicio con el género y con la edad, en el que creen que no estás capacitada. La confianza del equipo es lo primero que hay que cultivar”.Indicó que con el tiempo los resultados del trabajo permitieron modificar esa percepción. “He dejado que mi trabajo hable por mí”, afirmó. Huerta señaló que la gestión cultural municipal se desarrolla bajo condiciones de recursos limitados, situación que considera generalizada en el sector público cultural. Frente a ello, destacó la colaboración entre equipos de distintos museos.“Si no hay algo en un museo, lo hay en otro. El préstamo de recursos y el apoyo entre equipos ha permitido sacar adelante los espacios”. Desde su labor docente, observa cambios en nuevas generaciones, a quienes describe como más participativas y críticas frente a prácticas sociales heredadas.“Me da alegría pensar que están mucho más activos. Se cuestionan sin miedo y participan activamente; entienden que también pueden decir cosas desde la institución”.Subrayó además que el trabajo museístico debe orientarse hacia la ciudadanía. “Trabajamos para la población y con recursos públicos, por lo que hay que ser conscientes de que nuestro trabajo es hacia los públicos”.Por su parte, María Isabel Orendáin Martínez Gallardo, directora del Museo de Paleontología de Guadalajara desde 1999, compartió una experiencia distinta tras más de dos décadas al frente del recinto. Relató que llegó al museo tras ser invitada por Diana Solórzano y que su formación en letras la llevó a descubrir un campo ajeno hasta entonces.“Para mí ha sido una de las experiencias más significativas de mi vida. Me resultó emocionante conocer la historia de la Tierra y cómo se forman los fósiles. Ha sido muy enriquecedor y me ha motivado a que otras personas puedan apreciar este patrimonio”.A diferencia de otras experiencias narradas, afirmó no haber enfrentado situaciones de discriminación por género durante su trayectoria profesional.“La verdad nunca lo he sentido. Me he sentido muy afortunada de tener este trabajo y lo disfruto”.Finalmente, Mónica Marcela Guzmán Espinosa, encargada del Globo, Museo de la Niñez, explicó que su trayectoria dentro del servicio público comenzó en áreas de atención ciudadana y que asumir responsabilidades directivas implicó enfrentar dudas iniciales sobre su desempeño.“Sí te ven como que, por ser mujer, a lo mejor no vas a dar el ancho. Pero creo que todas mis compañeras hemos hecho un trabajo en equipo para sacar adelante cada espacio”.Consideró que el reconocimiento laboral ha avanzado gradualmente y que la presencia de mujeres en cargos públicos contribuye a modificar percepciones sociales. “Creo que ya estamos llegando a una etapa donde el trabajo se está viendo igual. Tener una Presidenta también ayuda a demostrar que sí podemos”, finalizó.