Domingo, 11 de Enero 2026
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Evangelio de hoy: Solemnidad del Bautismo del Señor

Esta fiesta nos hace redescubrir el don y la belleza de ser un pueblo de bautizados, es decir, de pecadores salvados por la gracia de Cristo

Por: DINÁMICA PASTORAL UNIVA

«Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». WIKIPEDIA«El Bautismo de Cristo», de Juan Navarrete

«Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». WIKIPEDIA«El Bautismo de Cristo», de Juan Navarrete

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Isaίas 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:
“Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia,
no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Yo, el Señor,
fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo,
luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.

SEGUNDA LECTURA

Hechos 10, 34-38

En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.

Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

EVANGELIO

Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Solemnidad del Bautismo del Señor

El evangelio de este domingo nos presenta la versión del bautismo del Señor como la encontramos en el evangelio de San Mateo. Los estudios bíblicos, los del Jesús histórico y la teología contemporánea, han hecho una revaloración muy importante de este momento fundamental en la vida de Jesús de Nazaret.

En el bautismo de Jesús encontramos la primera “teofanía” (manifestación de Dios) del Nuevo Testamento. La voz de lo alto está dirigida a Jesús (en Marcos y Lucas “tú eres mi hijo amado…”); en Mateo es a todos los oyentes (“Éste es mi hijo amado…”). Estas narrativas nos muestran que, en ese momento de su vida, el Señor experimenta con claridad y contundencia su filiación divina: Dios es su Padre, un Padre que lo llama “Hijo amado” y le comunica que él, Jesús, es su alegría.

El Señor constata que ésta es la experiencia fundamental que todo ser humano puede (y debe) tener del Dios Vivo. Dios no es el policía/juez cósmico, ni un “capataz”, ni una proyección del egocentrismo de los poderosos de este mundo. Dios es Abba, es decir, papá. La experiencia de Jesús, por lo tanto, rompe con estas otras visiones, más ideológicas que religiosas, de Dios.

Jesús dedicará el resto de su vida pública a tratar de acercar a sus contemporáneos a experimentar a Dios como Padre, un padre amoroso que salva precisamente a través de su amor incondicional, permanente, indiscriminado. Y esto eventualmente lo puso en conflicto con las autoridades religiosas de la época que no compartían su experiencia de Dios.

El texto está lleno de otros símbolos muy ricos. Cuando se habla de “los cielos rasgados” no hace referencia a una visión real o imaginativa sino a una vivencia profunda: experimentar que no había nada que se interpusiera entre Jesús y su Padre. Describe la experiencia mística de unión/comunión en el amor. Finalmente, la paloma, que es un símbolo de la fidelidad (sólo tienen una pareja durante su vida y siempre vuelven a su lugar de nacimiento). Esto significa que el Espíritu de Dios viene a su lugar, al corazón de Jesús, en la fidelidad de amor que se tienen las personas trinitarias.

En conclusión: lo que Jesús vivió en el bautismo se convierte en su experiencia fundacional de Dios y de la religión. Dedica su vida entera a denunciar las prácticas pseudorreligiosas que falsifican la identidad de Dios como Padre y a invitar a las personas a experimentar lo que él mismo vivió: nosotros somos hijos amados de Dios, que nos contempla con inmensa alegría.

Alexander Zatyrka, SJ - ITESO
 

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