Domingo, 12 de Julio 2026

Evangelio de hoy: La parábola del sembrador

Dios siembra con paciencia y confianza, convencido de que la semilla acabará dando fruto. Su amor es generoso: no exige un terreno perfecto para ofrecernos su palabra

Por: Dinámica pastoral UNIVA

"Lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto". WIKIPEDIA/"La parábola del sembrador", de Pieter Bruegel el Viejo

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Isaías 55, 10-11

Esto dice el Señor:
"Como bajan del cielo la lluvia y la nieve
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá su misión".

SEGUNDA LECTURA

Romanos 8, 18-23

Hermanos: Considero que los sufrimientos de esta vida no se pueden comparar con la gloria que un día se manifestará en nosotros; porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios.

La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma, va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Sabemos, en efecto, que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no sólo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

EVANGELIO

Mateo 13, 1-23

Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les habló de muchas cosas en parábolas y les dijo:

"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenían raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga."

Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.

En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.

Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo les aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.

Escuchen, pues, ustedes lo que significa la parábola del sembrador.

A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.

Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye la palabra y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin fruto.

En cambio, lo sembrado en tierra buena, representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta''.

El sembrador excepcional

“Una vez salió un sembrador a sembrar”, unos granos cayeron a lo largo del camino, otros en terreno pedregoso, otros entre espinos y otros en tierra buena. La forma de trabajar de este sembrador es poco común. Según entiendo, un sembrador “normal” habría lanzado las semillas en una tierra previamente preparada. Pero, en esta parábola, parece que algunas zonas del campo no están aradas ni limpias y, aun así, el sembrador lanza semillas por todas partes.

Este sembrador tiene un estilo excepcional. Y ese estilo nos recuerda precisamente cómo es Dios. Al ser humano le gusta dar pasos calculados y actúa esperando una cosecha abundante. En cambio, como el sembrador de la parábola, Dios arroja semillas por todas partes porque cree y apuesta por que algo pueda crecer allí donde las posibilidades parecieran estar perdidas. El amor y la misericordia de Dios no tienen límites; ante los ojos de Dios, no hay semillas desperdiciadas. Si acaso una planta llega a crecer donde nadie la esperaba, eso sería, para la lógica divina, una cosecha exitosa.

Los hombres y mujeres de nuestro tiempo estamos acostumbrados a actuar con lógica y pasos firmes. En un sentido, eso está bien porque tenemos que organizar nuestra vida con cierto orden: tener una casa para vivir, tener un trabajo para ganar el sustento, etc. Pero cuando se trata de cierto tipo de acciones, unas relacionadas con el sentido profundo de nuestras vidas, parece que el Evangelio nos invita a pensar de otra manera: atrévete a sembrar y a confiar más allá de tus seguridades. Cuando actuamos así, porque confiamos en lo que nos mueve desde dentro, hemos hecho nuestra parte; el resto está en manos de Dios.

Juan Pablo Romero, SJ - ITESO

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