Domingo, 12 de Julio 2026

El sentido de la esperanza en la crisis socioecológica

Frente al deterioro ambiental y la incertidumbre del presente, la respuesta pasa por asumir una responsabilidad compartida que haga posible un futuro habitable

Por: Néstor Gabriel Platero Fernández

Entre el pesimismo paralizante y el optimismo ingenuo, la esperanza se plantea como una decisión ética capaz de convertir la incertidumbre en acción colectiva. CORTESÍA/Valeria Berrueco

Entre el pesimismo paralizante y el optimismo ingenuo, la esperanza se plantea como una decisión ética capaz de convertir la incertidumbre en acción colectiva. CORTESÍA/Valeria Berrueco

Es una realidad que contemplar la actual crisis socioecológica muchas veces nos genera una angustia oscilante entre apatía y desolación. Vivimos una encrucijada donde, por un lado, una distopía espectacularizada oferta el colapso como destino seguro y, por otro, una estéril utopía saturada de tecno-optimismo nos promete una solucionática mágica que ha resultado nada efectiva en plena crisis. Para superar esta angustia y procurar confiar en el futuro es que emerge la palabra esperanza, que inicialmente podemos definir como aquel robusto sentimiento capaz de canalizar nuestra configuración anímica para permitirnos sostener con firmeza la mirada frente a esta realidad y proyectar nuestro futuro.

Aclarando. Una emoción no es igual a un sentimiento. La primera es respuesta fugaz, como la euforia o el miedo; el segundo es disposición que ha sido racionalizada y mantenida en el tiempo. Filosóficamente, digamos, el sentimiento implica habitar el mundo con emociones intelectualizadas. También, la esperanza es, como dijo un ex presidente y escritor checo, no la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que ese algo tiene sentido, al margen de su resultado esperado. La esperanza pasa a ser mucho más que expectativa y optimismo.

Ante la crisis civilizatoria, Donna Haraway expresa que la desesperanza y el optimismo ciego no deben ser lujos que nos permitamos. “Seguir con el problema” exige entender y vivir nuestra realidad en una ética de cuidado fundada en nuevas relaciones de parentesco que establezcamos con otras formas vivientes. Por ello, la esperanza debe ser un proyecto compartido, relacional y, sobre todo, de respons-habilidad: la capacidad de ser responsables con la vida y donde el futuro solo será posible si apreciamos y tejemos lazos de convivencia con lo no-humano. El “Chthuluceno” que propone puede ser refugio de esperanza, un lugar que reconoce el valor del vínculo para recomponer lo que se ha roto en el planeta.

El dolor que sintamos por el mundo también es otra faceta de esta necesaria interconexión. Joanna Macy decía que sentir desesperanza y desesperación no implica debilidad; es aviso de que estamos atentos ante el trauma ecológico. Según ella, es urgente cultivar una “esperanza activa”, es decir, aquel proceso que convierte fuerza volitiva en acción, pero acción comprometida colectivamente. Este será el sentido de esperanza que debemos asumir hoy.

Ante lo “esperado” de la crisis actual, donde lo distópico limita nuestro poder de agencia y lo utópico nos despoja de la realidad misma del presente, la esperanza se alimentará de la fricción entre ambos escenarios. Emergerá así el sentido último de una ética transformadora, y es que como humanidad tenemos la oportunidad única de construir paisajes de esperanza (emulando a David Harvey) como basamento de una arquitectura de la necesaria y responsable convivencia para habitar nuestro presente con determinación. Esos paisajes no serán esa línea en el horizonte que al avanzar hacia él se aleja conforme avanzamos, como dijo Eduardo Galeano. La esperanza podrá auxiliarnos en la crisis, pero no asumiéndose como optimismo ingenuo; debe ser verbo, acción y, hoy más que nunca, convicción.

SOBRE EL AUTOR

Néstor Gabriel Platero Fernández es geógrafo y maestro en educación ambiental. Coordina el área educativa del Museo de Ciencias Ambientales.

PARA SABER

Crónicas del Antropoceno es un espacio para la reflexión sobre la época humana y sus consecuencias producido por el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara que incluye una columna y un podcast disponible en todas las plataformas digitales.

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