Domingo, 17 de Mayo 2026

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Cultura | VII Domingo de Pascua

Evangelio de hoy: La ascensión del Señor

Cristo confía a sus apóstoles la misión de llevar su mensaje a todo el mundo

Por: Dinámica pastoral UNIVA

«Sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». WIKIPEDIA/«La Ascensión de Cristo», de Garofalo

«Sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». WIKIPEDIA/«La Ascensión de Cristo», de Garofalo

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA 

Hechos 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios. Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó:

“No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.

Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?” Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los últimos rincones de la tierra”.

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.

SEGUNDA LECTURA

1 Pablo a los efesios 1, 17-23

Hermanos: Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de reflexión para conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuan gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa.

Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo.

EVANGELIO 

Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». 

¿Dónde está el Resucitado?

Este domingo celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Hay dos tradiciones sobre los encuentros del Resucitado y sus discípulos. Una tradición (presente en el evangelio de Lucas, en el libro de Hechos y en la última redacción de Marcos) transmite que luego de varias apariciones personales y grupales, 40 días después de su resurrección (Hch 1,3) el Señor Jesús ascendió al cielo, en Jerusalén. La otra tradición (presente en Mateo y Juan) relata que Jesús invita a sus discípulos a volver a Galilea, porque ahí los encontrará. A esta última tradición pertenece la lectura del evangelio de este domingo (Mt 28, 16-20).

Cada tradición tiene un énfasis y mensaje fundamental. En esta ocasión abordaremos lo que el relato de Mateo (y Juan) nos transmite. Primero, la invitación a volver a Galilea. Jesús manda el mensaje de que será en este lugar donde encontrarán al Resucitado. Su sentido principal es que lo verán al volver a su cotidianidad. No es en Jerusalén y en los espacios de poder civil y religioso, sino en Galilea y en su trabajo sencillo y cotidiano donde tendrán el encuentro definitivo con el Señor y recibirán de él una misión (recordemos que Juan nos dice que Pedro y algunos discípulos, ya de vuelta en Galilea, salen a pescar y ahí se encuentran con Jesús [Jn 21]).

La misión confiada por el Resucitado, en todos los evangelios, es llevar la Buena Noticia a todo el mundo. Esto es, enseñar que Dios es Abbá (Papá), que somos sus hijos amados y que nuestra existencia es fuente de su alegría. Entender y vivir este amor incondicional, gratuito e indiscriminado de Dios es lo único capaz de sanar (redimir) el corazón herido y enfermo de las personas. La muestra más grande y concreta de este amor es la entrega del Señor Jesús en la cruz, que asumiendo sobre sí todas las consecuencias de nuestro egoísmo (pecado), las destruye con su muerte. Por sus heridas (que son las nuestras y que por amor ha asumido) nos sana de nuestras heridas.

La misión es clara: “Hagan a todos los pueblos mis discípulos. Bautícenlos [literalmente, “sumérjanlos”] en el nombre [Presencia] del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). Es decir, ayúdenlos a adentrarse en el dinamismo del amor trinitario, a experimentarlo, a sentir cómo transforma sus vidas para bien. Liberados del egoísmo (la raíz de todo pecado) quedamos abiertos al amor compartido y a la construcción de la comunión.

A diferencia de la tradición de Lucas-Marcos, Mateo y Juan no hablan de una “partida” de Jesús. El Señor más bien se compromete a permanecer con nosotros, en nosotros. Lo dice con una de las frases tal vez más consoladoras de toda la Escritura: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 20).

P. Alexander Zatyrka, SJ - ITESO

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