Domingo, 03 de Mayo 2026

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Cultura | V Domingo de Pascua

Evangelio de hoy: Jesús, el camino al Padre

Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, no es simplemente uno de los mediadores entre Dios y el hombre, sino que es «el mediador» de la nueva y eterna alianza 

Por: Dinámica Pastoral UNIVA

«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí». WIKIPEDIA/«La última cena», de Juan de Juanes

«Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí». WIKIPEDIA/«La última cena», de Juan de Juanes

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Hechos 6, 1-7

En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: "No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra".

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.

SEGUNDA LECTURA

1 Pedro 2, 4-9

Hermanos: Acérquense al Señor Jesús, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y preciosa a los ojos de Dios; porque ustedes también son piedras vivas, que van entrando en la edificación del templo espiritual, para formar un sacerdocio santo, destinado a ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios, por medio de Jesucristo. Tengan presente que está escrito: He aquí que pongo en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.

Dichosos, pues, ustedes, los que han creído. En cambio, para aquellos que se negaron a creer, vale lo que dice la Escritura: La piedra que rechazaron los constructores ha llegado a ser la piedra angular, y también tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella los que no creen en la palabra, y en esto se cumple un designio de Dios.

Ustedes, por el contrario, son estirpe elegida, sacerdocio real, nación consagrada a Dios y pueblo de su propiedad, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

EVANGELIO

Juan 14, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy".

Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".

Le dijo Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le replicó: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre".

Sobre el tiempo pascual

San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra fe… Si nuestra esperanza en Cristo se limita solo a esta vida, ¡somos las personas más dignas de compasión” (1 Cor 15, 14-19). Al conmemorar cada año la muerte y resurrección de Cristo en la Semana Santa, en el tiempo pascual, en la Eucaristía, y en toda nuestra vida cristiana -que está inmersa en este maravilloso acontecimiento- estamos haciendo un memorial, es decir, una reactualización del proyecto que Cristo nos reveló y nos invita a ser testigos de su resurrección. Nos dice San Lucas (20, 36): “nosotros somos hijos de la resurrección”. Por eso estamos en una afinidad afectiva con el Resucitado; es decir, tenemos una condición de vida resucitada. Sólo los resucitados pueden ver al resucitado. Nos tiene que pasar como a San Ignacio en el río Cardoner: “[…] se le empezaron a abrir los ojos del entendimiento, y no que viese ninguna visión, sino entendiendo y conociendo muchas cosas… y esto con una ilustración tan grande que le parecían todas las cosas nuevas”. 

Nos dice el teólogo José I. González Faus, en su libro Acceso a Jesús: “Si la resurrección de Jesús incluye la nuestra, la aparición del Resucitado no puede ser meramente una visión de un objeto exterior al vidente y que no lo englobe, sino que, de la forma que sea, tiene que ser también la experiencia del vidente hacia sí mismo como resucitado”. Cada uno tiene que hacer su propia experiencia de su resurrección. La resurrección no es un hecho ante el cual puedo ser neutral: si lo creo, me transforma y me invita, obviamente, a transmitirla con mi testimonio, sobre todo, en un dinamismo de vida que se realice comunitariamente y en familia, y que podamos encontrar nuevas soluciones, nuevas posibilidades y capacidades de vida resucitada.

La experiencia de los discípulos de Emaús, que al principio no lo reconocieron, pero al partir el pan lo descubrieron y se levantaron para anunciar el acontecimiento, será el camino para convertirnos en testigos de la resurrección.

José Martín del Campo, SJ - ITESO

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