La memoria como gesto sonoro, el ritual como forma de comunidad y la orquesta como espacio político. Bajo esa premisa se articula el quinto programa de la Primera Temporada de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), que será dirigido por la violinista y directora chilena Alejandra Urrutia, primera mujer en ocupar la dirección de la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal de Santiago. Los conciertos serán los días jueves 5 y domingo 8 de marzo, a las 20:30 y 12:30 horas, respectivamente.El programa, construido a partir de una sugerencia inicial de la propia orquesta, adquirió su forma definitiva cuando Urrutia incorporó una obra de Gabriela Lena Frank, completando así un arco que atraviesa el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, la fisicalidad del sonido percusivo, la espiritualidad andina y el imaginario del oeste norteamericano. “Fue una sugerencia de la misma orquesta el repertorio y yo incluí también una obra de la compositora Gabriela Lena Frank”, explica la directora, en entrevista con EL INFORMADOR. El concierto abre con “Variaciones Montgomery”, de Margaret Bonds, una creadora afroamericana discípula de Florence Price cuyo legado comienza apenas ahora a ser plenamente revalorado. La obra fue escrita en 1964, tras los acontecimientos de Birmingham, Alabama, en el contexto del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, y está dedicada a Martin Luther King Jr.; de hecho, para Urrutia, no se trata solo de una partitura con referencia histórica, sino de una pieza que transforma un acontecimiento político en forma musical.“El programa comienza con una pieza de Margaret Bonds, una compositora norteamericana que escribió una obra que se llama ‘Variaciones Montgomery’, pensando en Montgomery, la capital de Alabama en Estados Unidos. Es una obra que ella dedicó a Martin Luther King Jr. y fue inspirada en todo el movimiento de los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos”, explica.De los siete movimientos originales, la OFJ interpretará tres. La directora detalla que el núcleo emocional del fragmento seleccionado está en la marcha, inspirada en el boicot a los autobuses tras el acto de resistencia de Rosa Parks en los años cincuenta, detonante simbólico de una transformación estructural en la historia estadounidense. La serie completa transita de la esperanza y la determinación a la oración y la acción, reflejando el impulso espiritual y político de aquel momento histórico.“Nosotros vamos a hacer tres movimientos de esta obra, que tiene siete en total. Vamos a hacer la marcha, que es muy interesante porque ella la escribió basada en los eventos que ocurrieron en los años cincuenta, cuando una mujer afroamericana no le cedió el asiento en un bus a un hombre blanco. Esto fue muy impactante. Debido a este acto específico hubo un antes y un después con el tema de los derechos civiles en Estados Unidos, porque fue en ese momento que comenzaron a tener más derechos, algo tremendamente importante. Esta marcha representa justamente esas caminatas que ocurrieron en esa época”.Tras la marcha, el programa se desplaza hacia un movimiento de carácter más luminoso, que evoca la vida en el sur de Estados Unidos desde una perspectiva esperanzadora. El cierre de la obra retoma la raíz espiritual que sostiene toda la construcción, devolviendo la partitura a su origen devocional y coral.“También vamos a hacer otro movimiento, el que sigue a la marcha, que habla de la vida en el sur de Estados Unidos, ya con un carácter más esperanzador. Y terminamos con el último movimiento de la pieza, que es una bendición. Esta obra está basada en un espiritual titulado ‘I Want Jesus to Walk with Me’. El último movimiento tiene ese carácter espiritual y devocional”, dice Alejandra Urrutia. Más allá del repertorio, la presencia de Urrutia en el podio también tiene un peso simbólico. Aunque es la primera mujer en dirigir la Orquesta de Cámara del Teatro Municipal de Santiago, rehúye convertir su trayectoria en un discurso de excepción.“En general el estar parada en el podio frente a una orquesta ha sido un camino bastante tranquilo en ese sentido”, reflexiona la directora. “Yo creo que tiene que ver con mi formación como violinista, porque esa identidad te da autoridad. Los músicos se dan cuenta inmediatamente cuando uno sabe o cuando uno no sabe. En cada orquesta nueva intento enfocarme en la música y el hecho de que soy mujer lo dejo de lado porque en realidad no debería existir una diferencia. Si los músicos tienen resistencia frente a una directora, hay trabajo que hacer ahí, porque no debería haber diferencia entre quien esté al frente, sea mujer u hombre”.Tras dos ensayos previos, la directora describe el proceso como un momento de materialización sonora de lo que antes solo existía en la mente.“Uno se pasa estudiando en su cabeza y me encanta que en el proceso de ensayo uno ya escucha lo que estaba en la cabeza y el proceso es maravilloso. Hemos tenido una linda química con la orquesta y van a ser dos conciertos increíbles. La música está tomando mucha forma, es muy flexible, y la orquesta es una superorquesta. Estoy feliz de que se me haya dado la oportunidad de estar trabajando con la orquesta acá”, finaliza. El segundo eje del programa desplaza la escucha hacia la fisicalidad del sonido: el “Concierto para timbales” del compositor danés Kai Stensgaard, reconocido internacionalmente por su producción para percusión solista y particularmente por su cercanía con América Latina, donde su “Concierto mexicano” para marimba es ampliamente interpretado. De aproximadamente 16 minutos de duración, la pieza combina pasajes que evocan la música medieval con momentos de gran expresividad cinematográfica, y tendrá como invitado a Sergio Quesada en los timbales.“Con una pieza como esta, la orquesta, en realidad, cambia como cambiaría con cualquier otro instrumentista que pasa a ser solista. La obra es muy transparente en su acompañamiento orquestal, entonces es muy fácil de seguir al percusionista”, dice la directora. “Sergio Quesada es realmente increíble y para mí es especial escuchar al timbal al lado mío y ver lo que puede lograr, que muchas veces uno no se lo imagina cuando los timbales están tocando dentro de la orquesta. Ahora es otra sensación: el solista tiene siete timbales a su alrededor y se va girando a medida que va tocando cada uno de ellos, entonces es una experiencia en 360 grados”.La tercera pieza, “Apu”, de Gabriela Lena Frank, introduce la cosmovisión andina en clave sinfónica. El “apu” es, en la tradición andina, un espíritu de la montaña que protege y acompaña a los viajeros. La partitura inicia con una evocación del pinkillo -flauta tradicional representada en la orquesta-, continúa con un haillí solemne, una plegaria ritual, y culmina con una aparición intensa y fugaz del espíritu. “La obra está muy bien escrita, ella -Gabriela- es una gran compositora y todos los elementos compositivos que usa son muy claros y efectivos. Yo lo único que tengo que hacer con la batuta es asegurarme de que soy precisa, pero además que haya una conexión con la orquesta. Lo que el director siempre busca es que podamos crear una versión en común basada en el trabajo de los ensayos. Para mí la obra de Gabriela Lena Frank no cambia mi rol por ser una obra más contemporánea; el rol es el mismo en todo el repertorio”, comparte Alejandra Urrutia. CT