Lunes, 06 de Abril 2026

Fernando Loher vuelve a casa con “Soñemos, es la hora”

El tenor tapatío se presentará este 11 de abril con un concierto donde estará acompañado por el pianista Juan Carlos Benavides

Por: El Informador

El tenor anima a los nuevos talentos a estudiar y prepararse para ganar un lugar en los escenarios. CORTESÍA

El tenor anima a los nuevos talentos a estudiar y prepararse para ganar un lugar en los escenarios. CORTESÍA

Después de más de una década de formación y trabajo en Europa, el tenor tapatío Fernando Loher se encuentra con el público de su ciudad. El próximo 11 de abril ofrecerá el concierto “Soñemos, es la hora”, acompañado por el pianista Juan Carlos Benavides, en el Instituto de Formación Artística Musik, un recital que nace de la necesidad de compartir belleza y tranquilidad en tiempos complejos.

En entrevista con EL INFORMADOR, Loher describe el programa como una búsqueda consciente hacia la luz emocional dentro del repertorio clásico.

“Quiero que haya canciones de arrullo, de amor, de conexión con la naturaleza, de contemplación, de tranquilidad. Durante muchos años le di importancia a lo más denso, quizá porque también era un reflejo psicológico. Pero ahora quiero disfrutar todo”, explica el tenor.

El concierto reunirá piezas que recorren distintas épocas y geografías musicales: desde el romanticismo alemán hasta la Belle Époque francesa, pasando por repertorio estadounidense moderno y composiciones mexicanas. La intención, dice, es construir una experiencia emocional continua más que una simple sucesión de obras.

Un descubrimiento temprano

Nacido en Guadalajara en 1989, Loher encontró su vocación casi por accidente. De niño probó múltiples actividades extracurriculares hasta que un coro infantil cambió su rumbo.

“Mis papás me llevaban a clases de todo: pintura, karate, futbol… y yo siempre decía que no me gustaba nada. Pero un día me llevaron a un coro en el Instituto Cultural Cabañas y eso me encantó muchísimo. Ahí dije: ‘de aquí en adelante quiero seguir por esta línea’”.

El canto se volvió parte de su vida cotidiana, aunque tuvo que pausarlo durante la adolescencia debido al cambio natural de la voz masculina, un proceso necesario pero difícil.

“No fue fácil detenerme. Yo seguía cantando a escondidas en mi cuarto, con falsete, cuando no había nadie en casa. Nunca me alejé por completo”.

Con el tiempo comprendió que la música ya formaba parte de su identidad, influida también por recuerdos familiares: “Mi mamá nos cantaba antes de dormir canciones que contaban historias. Crecí con eso sin pensar que podía ser una profesión”.

La búsqueda fuera del aula

Su ingreso a la licenciatura en Canto en la Universidad de Guadalajara representó un paso lógico, aunque no del todo satisfactorio. Loher recuerda una formación que, desde su perspectiva, resultaba impersonal para una disciplina profundamente individual.

“La voz humana tiene mucho que ver con el desarrollo psicológico. Pero éramos tantos alumnos que recibíamos 15 minutos de clase a la semana. Yo no sentía que realmente estuviera aprendiendo”.

Aquella experiencia lo llevó a buscar alternativas fuera del sistema académico tradicional, decisión que marcaría su trayectoria posterior. Encontró un espacio formativo clave en el Taller de Ópera de Sinaloa, donde obtuvo una beca y enfrentó una intensa dinámica escénica.

Durante dos años ofrecieron conciertos semanales con repertorios distintos -tango, canción alemana, bolero o música mexicana- integrados en propuestas teatrales colectivas.

“Era muy enriquecedor musical y escénicamente. Teníamos que resolver todo en equipo y en muy poco tiempo. Cada semana era un reto nuevo”.

El salto a Europa y empezar de nuevo

Tras esa etapa llegó una beca en Alemania que cambiaría su vida. Lo que inicialmente parecía una estancia temporal terminó convirtiéndose en diez años de residencia y aprendizaje en Berlín.

El proceso, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Al llegar, varios maestros coincidieron en que su técnica vocal estaba mal enfocada y que su verdadera tesitura no era barítono, sino tenor.

“Fue horrible porque yo iba listo para hacer audiciones y trabajar, y de pronto fue empezar otra vez desde abajo”, recuerda. “Descubrir que no había usado mi voz real durante tantos años fue muy confrontante”.

Ese reinicio transformó su camino artístico. Alemania se convirtió en un periodo profundamente formativo. Aprendió el idioma, comenzó a enseñar canto y participó en diversas producciones operísticas, además de colaborar con instituciones como la Deutsche Oper Berlin.

“A veces no es un crecimiento cómodo, pero no queda de otra”, afirma entre risas. “Si no hablas el idioma del país al que vas, no comes”.

Aunque reconoce los avances logrados, evita hablar de metas cumplidas. “Todavía no sé si lo logré. Sigo en el camino porque aún no he cantado donde quiero llegar a cantar”.

Un diálogo musical

El recital también representa un reencuentro artístico con el pianista tapatío Juan Carlos Benavides, con quien mantiene una relación musical desde la infancia.

“El pianista no es un acompañante. En la canción de arte existe un diálogo constante entre voz y piano”, explica. “Las partituras son complejas y requieren mucha sensibilidad. Con Juan Carlos hay esa disposición de construir juntos”.

Ambos se conocieron cuando estudiaban música en el Cabañas y retomaron el contacto años después, lo que derivó en la formación del dúo actual.

Volver a Guadalajara

Desde hace dos años, Loher reside nuevamente en Guadalajara, ciudad que -asegura- ha cambiado considerablemente para los músicos emergentes y profesionales.

“Ahora es más difícil cantar en museos y espacios públicos. Las salas ya no están abiertas para experimentar; hay que pagar renta, afinaciones, procesos burocráticos largos, y muchas veces la retribución económica es mínima”.

El tenor lamenta la desaparición de programas que antes ofrecían escenarios accesibles para artistas en formación, como ciclos abiertos en recintos culturales emblemáticos.

“Antes existía un presupuesto destinado a pagar a los artistas. Hoy el reconocimiento económico es ínfimo. A veces no cubre ni el traslado a los ensayos”.

A pesar de ello, mantiene una visión optimista y apuesta por generar espacios independientes de encuentro con el público, como el recital que presentará este mes.

Un concierto para respirar

“Soñemos, es la hora” busca justamente eso: una pausa emocional a través de la música. Más que demostrar virtuosismo, Loher pretende construir un refugio sonoro compartido.

“Quiero que el público salga con una sensación de contención y alegría. Que sea un momento para respirar”.

Los boletos pueden adquirirse mediante contacto directo al teléfono 33 20 42 50 26.

CT

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