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Jueves, 12 de Diciembre 2019

Una luz sobre la figura de Helena Paz Garro

Elsa Schwartz y María del Carmen Vázquez, hallaron la manera de reivindicar su figura de autora a través del epistolario “Helena. La soledad en el laberinto”

Por: El Informador

María del Carmen Vázquez y Elsa Schwartz, presentes en la FIL. EL INFORMADOR/E. Barrera

María del Carmen Vázquez y Elsa Schwartz, presentes en la FIL. EL INFORMADOR/E. Barrera

Ser hija de Octavio Paz y Elena Garro no debió ser fácil para Helena Paz Garro, la luminosidad de sus padres de alguna manera eclipsó su camino. Sin embargo, Elsa Schwartz y María del Carmen Vázquez, hallaron la manera de reivindicar su figura de autora a través del epistolario “Helena. La soledad en el laberinto”, el cual se compone de cartas que ésta mantuvo de 1961 a 1996 con el poeta y pensador alemán, Ernst Jünger.

El acercamiento de Elsa a la vida de Helena se dio cuando estaba investigando sobre Elena Garro y todo dio un giro inesperado. “Ese fue mi proyecto de tesis cuando yo hice el doctorado en psicoanálisis y arte. Realmente mi objeto de estudio fue Elena Garro, yo me fasciné sobre sus obras, me parecía increíble ver el contexto sociocultural y la opresión que vivió en un mundo totalmente patriarcal, me empapo en el estudio y una compañera me pregunta que si he leído a su hija Helena Paz”.

El libro que le recomiendan era “Memorias”, el cual encuentra en Estados Unidos, cuando vivía en Alemania, “me fascinó cómo lo escribe, cuenta su historia desde los tres años hasta los 17 o 18 más o menos”. Y Elsa decide a su regreso a México, conocerla para que le ayude en el aporte de su trabajo.

Encontró que vivía en un asilo en Cuernavaca y después de varias entrevistas, le permiten tener acceso a ella. “Para mí conocerla fue ¡wow!”. El primo de Helena le dice a ésta que Elsa está interesada en ella y no en su padre o su madre, de alguna manera esa fue la llave para conocer el universo de esta mujer que encontró la validación como autora en el alemán Jünger y no con sus padres, como tal vez debió ser.

En su reunión con ella, Helena le habla de Jünger a Elsa y le dice que fueron amigos, previamente Elsa ya le había pedido que la dejara escribir sobre su figura, que le apuntara cuál era el camino para hacerlo, “(le dijo), yo lo único que te pido Elsa, es que me reivindiques en México”. Y con ese mensaje la autora regresa a Alemania para buscar en bibliotecas las pistas hacia este trabajo que ahora es palpable, “llego al Archivo de Literatura Alemana Nacional y me dicen que efectivamente, ellos (Helena y Jünger) fueron amigos y que ahí estaba toda la correspondencia que mantuvieron”.

Cuando Elsa le cuenta a Helena esto, la autora no podía creer que el alemán hubiera guardado sus cartas. “Ellos se escribían en francés, su primera carta es con 21 años, hasta los 50 y tantos que es cuando él muere”.

María del Carmen fue quien asesoró a Elsa en herramientas teóricas para comprender el aspecto de la subjetividad de todo el material recabado para la construcción del libro.
 

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