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Jueves, 12 de Diciembre 2019

"La risa desahoga el absurdo de la existencia"

El escritor mexicano Jorge Comensal visitó Guadalajara para presentar la novela “Las mutaciones”, en la que explora con humor e irreverencia la pérdida del habla y el padecimiento del cáncer

Por: Ruth Romero

Autor. El escritor Jorge Comensal trabaja actualmente en otra novela; además, publicó en España un libro de ensayos sobre la pasión lectora. CORTESÍA / V. Benítez

Autor. El escritor Jorge Comensal trabaja actualmente en otra novela; además, publicó en España un libro de ensayos sobre la pasión lectora. CORTESÍA / V. Benítez

El autor mexicano Jorge Comensal reúne en la trama de su primera novela, “Las mutaciones” (2016, Antílope), dos elementos que parecieran incompatibles: el cáncer y el humor, a través de la historia de un abogado que le extirpan la lengua debido a un tumor. En entrevista, el escritor detalla:

“Yo había detectado en relatos, películas, novelas… desde hace mucho, que el cáncer sirve como una especie de instrumento solamente para detonar el desenlace de las historias: si se quería que el personaje se despidiera dramáticamente de su familia, pues le daba cáncer, o si querías que el personaje tuviera una experiencia de transformación o superación… pero no se explora al cáncer como una historia en sí misma, siempre nada más como una especie de detonador de algo más”.

Esto lo llevó a querer “escribir historias del cáncer para establecer un diálogo sobre la enfermedad desde una perspectiva un tanto irreverente y en un tono ligero, no en clave lúgubre ni solemne, incluso con humor, lo que era un reto: hacer que dos cosas que parecen incompatibles, el cáncer y el humor, se reúnan en un espacio, para eso me ayudó mucho Benito, el loro que aparece en la trama”.

El protagonista de “Las mutaciones” es un abogado que se dedica sobre todo a hablar, “vive de su verbo, y entonces es sobre cómo la vida de cualquiera de nosotros, si le quitamos la capacidad de expresarse verbalmente, digamos que se desmorona nuestro ser social, nos quedamos aislados; parece obvio pero creo que no nos detenemos a pensar cuánto dependemos de hablar en nuestras vidas cotidianas; lo que más hacemos con nuestros amigos, pareja, familia… es hablar, de hecho la amistad se sostiene casi absolutamente en el habla, con la pareja al menos a veces te tocas, pero la amistad se sostiene del habla. Sin el habla te quedas solo, te vuelves un exiliado del mundo. Esta es la historia que quería contar”.

Interés científico

El interés de Comensal por explorar la ausencia del habla en los seres humanos a través de su pluma surgió a raíz de su labor en el Seguro Social con pacientes que no podían hablar debido a lesiones cerebrales; recuerda que “iba todas las semanas, me disfrazaba de médico para que me dejaran entrar para trabajar con el grupo de lenguaje”.

En la universidad, cuando estudiaba Letras Hispánicas para “mejorar como lector y escritor”, oficio que siempre supo que quería realizar, descubrió su pasión por la ciencia: “Sufrí una desviación como a la mitad de la carrera, me entró una fiebre científica leyendo al neurólogo inglés Oliver Sacks. Así me interesé mucho por la neurología, y entonces como en mi carrera había un área de neurolingüística para estudiar cómo funciona el lenguaje en el cerebro, me dediqué a eso, y me dediqué a investigar cómo se interpreta la gramática en la corteza cerebral”.

De esta forma, profundizó en los estudios académicos de dicha área, “cuando me acordé que realmente lo que quería hacer y por lo que había estudiado Letras era que quería escribir, y por esa época empecé a imaginar la historia de ‘Las mutaciones’, donde se combina esa inquietud por la imposibilidad de hablar que yo viví con los pacientes. A partir de esto empecé a imaginar qué efectos tiene en la vida de una persona perder el habla”.

Mutaciones narrativas

Durante la trama de “Las mutaciones”, el lector se topará con información médica sobre oncología y genética, para lo cual, Comensal realizó bastante investigación. “Traté de empaparme de los estudios sobre oncología y genética, historia de poblaciones y, como el título lo dice, de la mutación genética: cómo esa fuerza que guía nos ha hecho ser la especie que somos ahora, es un camino de mutaciones que se remonta millones de años atrás. La mutación es la que guía la evolución y también la vida humana personal, a veces hacia una historia de cáncer, y las historias familiares, el linaje como una historia de mutaciones en común. Las mutaciones en la vida privada”.

Además, el autor recuerda que la misma trama sufrió mutaciones constantes, e incluso se le tuvo que extirpar “tumores narrativos que no contribuían a la salud del organismo de la historia”. La idea originaria era “la vida de un hombre mudo que convive con un loro lépero, y empiezan  a nacer los hilos narrativos, era como una bola de estambre y empecé a jalar los hilos para contar la historia”.

“Las mutaciones” se publicó en 2016, por lo que el autor reconoce que “ha sido un proceso lento porque no ha habido ninguna especie de campaña publicitaria. La historia ha tenido una vida bastante sana: pasando de lector en lector. Creo que es mucho más sano un libro que se va vendiendo a lo largo de los años. Ha sido muy sabroso no dejar de conocer nuevos lectores”.

Lectores que pronto se ampliarán a nivel internacional, pues la novela se encuentra en proceso de traducción y publicación en diferentes países, como Francia, Alemania, Estados Unidos y España, entre otros; además, ya fue lanzada en Italia, donde “es una novela mucho más seria de lo que es en México, parte del humor sobre el costumbrismo mexicano se pierde en la traducción”. Igualmente, Comensal se cuestiona “qué pasará cuando se lea en otros  países, ¿se entenderán los chistes en España? O peor aún, ¿en Montana, EEUU?, ¿en Alemania, donde no tienen idea cuáles son los rasgos clase medieros de los chilangos? ¿Qué va a pasar con todo eso? No tengo idea cómo habla Benito en alemán”. 

Benito, el loro lépero

La portada del libro se ilustra con un loro que representa a Benito, quien le hace compañía al protagonista y se convierte en el “desahogo para él. Justo cuando no podemos hablar, cuando nos sentimos mudos, no necesariamente porque nos hayan extirpado la lengua sino porque vivimos en un entorno represivo o que nos excluye o margina, nos frustra o nos oprime… que un animal grite groserías puede ser liberador: la risa es liberadora. Es como cuando esos días donde nos sucede frustración tras frustración y se acumulan tantas que adquieren un sentido cómico y oscuro, y nos reímos de lo mal que nos va, es una risa liberadora, desahoga el absurdo de la existencia. Y el cáncer es uno de esos elementos absurdos de la existencia”. Así, Comensal opta por reírse antes de tratar de atribuir un sentido de mensaje divino a las situaciones negativas de la vida.

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