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Viernes, 18 de Octubre 2019

Ayotzinapa: cinco años sin justicia

A un lustro sin respuestas, culpables y mucho menos la certeza de saber qué sucedió, con “Ayotzinapa: el paso de la tortuga”, Enrique García Meza nos recuerda este suceso al intentar reconstruir uno de los pasados más dolorosos para nuestro país

Por: Norma Gutiérrez

Enrique García Meza. El director del documental nos comparte su motivación para ir a Ayotzinapa, pero sobre todo las secuelas personales que le dejó su realización. EL INFORMADOR / A. Camacho

Enrique García Meza. El director del documental nos comparte su motivación para ir a Ayotzinapa, pero sobre todo las secuelas personales que le dejó su realización. EL INFORMADOR / A. Camacho

La tragedia y la injustica nunca dejarán de doler y para Enrique García Meza las herramientas cinematográficas fungen como una memoria colectiva, como una forma de retratar y dar voz a quienes han sido víctimas directas y colaterales de la violencia y la corrupción.

Enrique nunca imaginó el impacto social que tendría en cines, festivales y plataformas de streaming: “Ayotzinapa: el paso de la tortuga”, documental con el que intentó reconstruir los hechos de la fatal noche del 26 de septiembre de 2014, de la madrugada que revelaría uno de los episodios más oscuros de México: la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, en Guerrero.

A cinco años de los ataques que dejaron estudiantes muertos y familias colapsadas por la violencia, Enrique García reflexiona sobre las intenciones del documental, de las consecuencias positivas y negativas que tuvo este proyecto apoyado por los productores Bertha Navarro y Guillermo del Toro, de la responsabilidad de un cineasta al abordar temáticas crudas.

Enrique García llegó a Ayotzinapa el 8 de octubre sin saber que su estadía se alargaría hasta por 10 meses para recolectar más de cinco mil horas de material audiovisual entre testimonios de sobrevivientes, de familias que esperan de regreso a los estudiantes y exigen justicia por sus muertos, así como de investigaciones que ponen en duda las versiones oficiales del Gobierno.

Documental. El trabajo de Enrique García Meza lo llevó a recopilar unas cinco mil horas de material audiovisual, por lo que fue un reto sintetizar toda esa información en este filme. ESPECIAL

-¿Imaginabas el impacto que tendría el documental?

-Cuando estaba haciendo el documental, muchas veces me preguntaba qué es lo que estaba haciendo. Por momentos no entendía que hacía yo en Ayotzinapa, no entendía en el fondo si era correcto. Quería documentar, tenía la idea de que este trabajo abrigara un poco a los papás, que sirviera para algo.

-¿Cómo cambió tu panorama sobre el mensaje del documental al ser estrenado oficialmente?

-La presentación oficial fue en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) en 2018, no me esperaba la reacción. Ahí fue la primera vez que vi el documental en pantalla, estaba Guillermo del Toro, Bertha Navarro, casi todos y yo estaba enojado porque vi muchos errores técnicos sobre la luz, el sonido, me decían que simplemente disfrutara del trabajo hecho. Yo decía que no, estaba muy enojado, no comprendía que era el banderazo oficial del documental.

-Fue una proyección bastante emotiva…

-Cuando terminó la proyección todos se quedaron callados, fue un silencio muy raro. Yo al principio lo tomé en respuesta a los errores que vi. Alguien empezó a gritar, a contar del 1 al 43, sentí bonito. Yo me quería ir, me salí, me alcanzaron y regresé, pero mi intención era seguir con algo en esta lucha, hacer algo. En el FICG se habían pensado tres funciones y al final fueron cinco.

-Tras realizar “El paso de la tortuga” ¿qué representa para ti la justicia, la muerte y el dolor?

-Me asusta mucho ver qué pasa en el país, ves con otra dimensión a los encargados de la justicia. Cuando descubríamos cosas en esta investigación me petrifiqué, me dio pavor. Hay cosas que sabes, pero vivirlas te cambia y te crea una desconfianza razonada, te crea algo en la cabeza. Ves otros casos como los tres estudiantes del CAAV, en Guadalajara, y desde mi perspectiva inmediatamente dudé cuando dijeron que encontraron sus restos, dije ‘no es cierto, es otro juego’, cuestionas cómo es que las autoridades llegan a sus conclusiones. Aprendes a escuchar a la gente, te das cuenta que no tienes razón desde lo general, ahora prestas atención al que no ves, al que no escuchas, a lo que no tiene rostro.

-A cinco años de la desaparición y ver cómo se han estancado las investigaciones, ¿cambiarías la forma en cómo inicias y concluyes el documental?

-Creo que no cambiaría nada, ni del principio ni del final, pero antes de que termine el documental hay un fragmento con notas de los periódicos, ahora pondría encabezados sobre lo que acontece actualmente en el caso, que está atorado. Hay muchas historias que quedaron fuera, tengo cinco mil horas de material, tratamos de hacer un proceso de edición, de síntesis.

-¿Utilizarás ese material no incluido en el documental en algún otro proyecto?

-Mucha gente me ha pedido que haga una segunda parte. Sí quisiera. Estando en Ayotzinapa sentía que estaba en un callejón sin salida, hay cosas horribles, el dolor lo vives y la impotencia es que no puedes hacer nada más que documentar, lo vives desde un proceso periodístico, te preguntas qué más puedes hacer, pero no puedes hacer nada. Después de este proceso fui a terapia, no podía con ese dolor, con ese callejón sin salida. Cuando pienso en regresar, sé que necesitaré más fuerza.

-¿Te sentiste en riesgo de muerte mientras hacías el documental?

-Sí, no sé si era paranoia, pero sí andaba con mucho miedo. Lydia Cacho fue la primera persona que se me acercó cuando yo tenía 10 meses en Ayotzinapa, me dijo una palabra, fue una frase muy bonita. Yo le respondí que ella no sabía cómo me sentía, ella solo me sonrió y recordé lo que ha vivido ella. La abracé, le dije gracias, era la primera persona en preguntarme cómo estaba, porque sí es muy difícil meterte a esto. Durante tres días estuve solo en Ayotzinapa para saber cómo estaba todo, el miedo es latente, me amenazaron directamente, mi teléfono estaba intervenido, pero aprendí a distinguir a la gente de Gobernación (Secretaría de Gobernación) en las marchas, a los que te van siguiendo.

-¿Qué te dijeron los familiares de los desaparecidos sobre el documental?

-La mitad de los papás no lo han visto. Quienes sí lo vieron, van y cuentan; los demás se desmoronan. Fuimos muy cuidadosos con el documental, yo quería escucharlos a ellos. Cuando Bertha Navarro, Guillermo del Toro y yo platicamos de este proyecto, dijimos que sería tratado con humildad ante la cámara.

-¿Cómo fue el acercamiento con Guillermo del Toro para sumarlo al proyecto?

-El 30 de septiembre tenía que entregarle a Bertha Navarro y al Canal Once una serie de televisión; ahí, le dije que el 1 de octubre me iría… Le dije que iba para Ayotzinapa. Ese día, casualmente, estaba Guillermo, a él lo conozco desde ‘La hora marcada’ y cuando a los dos les dije a qué me iba, automáticamente quisieron participar.

Para saber

A la par de que “Ayotzinapa: el paso de la tortuga” sigue en movimiento en localidades rurales y activaciones de cine en memoria de las víctimas, Enrique García comienza a estructurar lo que podría ser su siguiente trabajo enfocado a la violencia y desigualdad de género.

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