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Las heces de las ballenas son indispensables para la vida en los océanos

Lo que parecía simple desecho podría ser una pieza clave del funcionamiento marino

Lo que hacen las ballenas después de comer podría influir en la pesca, la salud del océano e incluso en el clima global. Un nuevo estudio revela que sus heces liberan nutrientes esenciales capaces de impulsar vida marina y favorecer procesos naturales de captura de carbono.

Cuando se piensa en ballenas, suelen venir a la mente sus enormes dimensiones, sus saltos o los avistamientos turísticos en lugares como California o la Antártida. Sin embargo, una investigación reciente puso la atención en una parte mucho menos llamativa: sus heces.

Un equipo de oceanógrafos de la Universidad de Washington encontró que estos desechos contienen hierro y cobre en formas aprovechables y seguras para los organismos marinos. Esto convierte a las ballenas en una especie de recicladoras naturales que devuelven nutrientes al ecosistema marino.

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El hallazgo fue publicado tras analizar muestras de ballenas con barbas, entre ellas ballenas jorobadas y ballenas azules, dos especies clave en los océanos del planeta.

¿Qué analizaron los científicos y dónde ocurrió?

La investigación se basó en cinco muestras recolectadas de forma oportunista durante trabajos de seguimiento de cetáceos.

  • Dos muestras provinieron de ballenas jorobadas en el océano Austral.
  • Tres muestras correspondieron a ballenas azules frente a la costa central de California.

Los expertos detectaron concentraciones elevadas de hierro disuelto y cobre, además de moléculas orgánicas capaces de unirse a esos metales.

Esto es importante porque no basta con que existan nutrientes en el mar: también deben estar en una forma química que pueda ser utilizada por otros organismos. La clave del estudio no es solo la presencia de hierro, sino la manera en que llega al océano. En muchas zonas alejadas de tierra, el hierro escasea y limita el crecimiento del fitoplancton, un conjunto de organismos microscópicos que flotan en el agua y forman la base de la cadena alimentaria marina.

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Sin suficiente fitoplancton, se afecta toda la red de vida oceánica:

  • Krill
  • Peces comerciales
  • Aves marinas
  • Focas
  • Ballenas

Es decir, algo tan pequeño como una microalga puede sostener sistemas enteros.

  • El cobre también importa, pero con una condición
  • El cobre es un nutriente necesario, aunque en ciertas concentraciones puede resultar tóxico.

La investigadora principal, Randie Bundy, explicó que el equipo se sorprendió por la cantidad de cobre hallada en las muestras. Sin embargo, el análisis reveló que estaba unido a moléculas llamadas ligandos, que lo transforman en una forma segura para la vida marina.

Los científicos identificaron 47 metalóforos novedosos, compuestos especializados que dominaban la unión con el cobre y reducían su potencial toxicidad. En otras palabras: las heces de ballena no solo aportan nutrientes, también ayudan a entregarlos de forma útil.

¿Por qué esto podría importar al clima?

El estudio pone especial atención en el océano Austral, una región clave para el equilibrio ambiental del planeta. Allí se forman grandes floraciones de fitoplancton gracias al ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes. Ese fitoplancton captura dióxido de carbono mediante fotosíntesis, ayudando al llamado secuestro de carbono.

Si las ballenas favorecen el crecimiento de estas poblaciones microscópicas, también podrían reforzar un mecanismo natural relacionado con la regulación climática. El investigador Patrick Monreal, primer autor del estudio, señaló que la drástica reducción histórica de ballenas por la caza industrial pudo tener “implicaciones biogeoquímicas mayores” en una región crucial para el ciclo global del carbono.

Lo que se perdió con la caza industrial

Durante décadas, la caza comercial redujo severamente las poblaciones de grandes cetáceos.

Eso no solo significó la pérdida de animales emblemáticos. También pudo interrumpir un sistema natural de reciclaje de micronutrientes que llevaba millones de años funcionando.

Menos ballenas habría significado:

  • Menos hierro disponible en superficie
  • Menor productividad marina
  • Menos alimento para el krill
  • Posibles efectos en la cadena pesquera
  • Alteraciones en procesos climáticos naturales

Los científicos aclaran que proteger ballenas no resolverá por sí solo el cambio climático. No sustituye reducir emisiones, impulsar energías limpias o transformar sistemas de transporte. Pero sí suma una razón poderosa para conservarlas: mantener procesos ecológicos esenciales.

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Las ballenas no solo son animales carismáticos. También participan activamente en la salud del océano, en la productividad marina y en el equilibrio ambiental del planeta.

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Lo que parecía simple desecho podría ser una pieza clave del funcionamiento marino. El estudio recuerda que en la naturaleza nada opera de forma aislada: incluso algo tan poco glamuroso como la caca de una ballena puede sostener vida, pesca y equilibrio climático.

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