Suplementos

Contar la integración

Adriana Villegas Botero publicó su primera novela, “El oído miope” (Alfaguara). Con su texto resultó ganadora de la tercera edición del Premio de Novela Corta del Fondo de Cultura Económica, en Colombia. “El oído miope” nos cuenta una parte en la vida de Cristina, una joven colombiana que viaja a Estados Unidos para trabajar y buscar una mejor situación económica. La búsqueda de inmersión en la otra cultura, la falta de oportunidades, el vínculo con el país de origen y la propia identidad son algunos de los temas que trata la autora, quien platicó sobre este libro en entrevista. De la elección de la protagonista y su perfil, Adriana comentó que ese planteamiento de la trama estuvo basado en una experiencia propia, aunque posteriormente fue dando rienda suelta a la imaginación:

-Viví en Nueva York en 2003, como inmigrante. Me fui a aprender inglés. No hice ninguno de los trabajos de Cristina, hice otros trabajos que darían para otra novela, como ser cajera en McDonalds (“Donde las sonrisas son gratis”). Diez años después de esa experiencia acudí a un taller de novela corta. Siempre me ha gustado la literatura, primero como lectora; años después me interesé en la escritura. Entré al taller porque tenía una idea de novela que quería trabajar: Miguel Ángel Manrique, el profesor en el Fondo de Cultura Económica, el primer día de clases me dijo que esa idea era como un viejo amor, que no funciona, tampoco mata; pero que hay que zafarnos de eso para escribir algo totalmente nuevo. La novela ocurría en Manizales, se me ocurrió que lo más lejano y distante era inventarme esta historia en Nueva York. Primero fue el espacio físico, a partir de allí salió el personaje, mezcla de gente que conocí y con cosas que fueron la liberación de la creación. Al ser periodista estamos ceñidos a la verdad, a los datos verificables, pero al hacer ficción uno puede decir mentiras, es muy liberador. Es una bola de nieve y crece, al escribir se van inventando más situaciones.
 
-Una de las frases del libro es ”¿Quién puede aprender inglés leyendo a Joyce?”, uno de los autores latentes en buena parte del libro.
-Joyce me gusta. Uno a veces es más inteligente después de que leen el libro y nos hacen preguntas y decimos sí, todo estaba prefabricado. Pero no, es muy inconsciente, así fue mi proceso de escritura: después traté de unir y tejer las cosas con filigrana. Con Joyce hay dos vínculos con la novela: Dublineses, el libro que lee Cristina, es básicamente es un libro de ciudad, Dublín. El espacio es un protagonista importante. Por otro lado, la novela Ulises ocurre en un único día. Construí la novela con pequeños relatos, cada uno es un único día.

-Por un lado tiene esa barrera con ese idioma coloquial, pero por otro se sumerge en un libro de Joyce, un autor complejo.
-En alguna parte del libro está un muchacho de Maine, le dice “Tú eres de Colombia, yo tengo una amiga de Nicaragua”. Para muchos estadounidenses todo lo que hay al Sur es como la misma cosa. Es ese el juego con Joyce: aunque los latinos nos quejamos de esa homogeneización también hacemos lo mismo con el mundo anglosajón. No es gringo, es irlandés, escribe en inglés pero nunca estuvo en Estados Unidos.

-Con el trabajo de la protagonista vemos una paradoja de la intimidad: ella no logra entrar en la sociedad, pero literalmente están hasta la cocina en las casas. Cuestiona el modelo de sociedad con esa barrera invisible.
-Yo nunca limpié casas, quizá me hubiera ido mejor que en McDonalds, que pagaban el mínimo y no dejaban hacer horas extra. Otros amigos sí trabajaban limpiando casas y contaban muchas cosas. Limpieza y cuidado de niños o viejitos, son trabajos comunes de los inmigrantes. A través de las conversaciones con niños o con los objetos (Cristina no habla con la gente, lee la vida de la gente a partir de sus objetos) se puede conocer una cultura desde un ángulo peculiar, el de la vida íntima. Todos socializamos distinto en un café o en un bar, pero las cosas de uno en la casa hablan por uno. La nevera o el baño tienen pequeños detalles de las familias.

-Hay una frase en la novela que dice “Ser extranjero es aprender a convertirse en otra persona”: la novela cuestiona las identidades de la protagonista y la sociedad.
-Cuando uno vive toda su vida en una misma ciudad tiene pocas preguntas sobre la identidad. “Soy de acá” y punto. Si acaso me comparo con la ciudad vecina. La identidad se construye a partir de la diferencia con lo que uno tiene cerca. Si uno vive en una misma ciudad la identidad es local, cuando uno viaja a otro país esas diferencias locales se diluyen, surgen preguntas más profundas sobre quién es uno. Van ligadas al rechazo por ser distinto. Este libro lo escribí en 2013, cuando Trump era un chiste de Los Simpsons, impensable; tiene vigencia más hoy en día. Y lo escribí con la experiencia del 2003: está esa mirada de conmiseración y de desprecio del norteamericano promedio. Es algo que también tenemos. En Colombia está una inmigración muy fuerte de Venezuela, prácticamente en todas las ciudades. Los colombianos han sido estigmatizados en todo el mundo y ahora que tenemos inmigración venezolana entonces “ellos no”. Es un tema de identidad, que cuando llega alguien entonces no es válido. No tiene que ver con el origen del país, sino si llegan o no con plata.

-Una idea que surge con la lectura es una frase sobre los idiomas: “uno no conoce realmente bien un idioma hasta que conoce dos”. Ella misma se conoce a través del conocimiento de otro idioma, y del otro.
-Hay un guiño permanente desde el principio hasta el final: el ejercicio de traducción. Claro, es una traducción lingüística a la que se obliga el inmigrante, pero es también una situación vital. No es lo mismo la Cristina que vive en Colombia con su madre a la que vive en Nueva York haciendo unos oficios distintos. Es una metáfora de esas traducciones vitales a las que está obligado el inmigrante: es reinventarse la vida.

SABER MÁS

Adriana Villegas Botero estudió periodismo en Bogotá, trabajó en el periódico El Espectador y en televisión. Posteriormente comenzó con la escritura de cuento, para después incursionar en la novela. Regularmente publica textos sobre libros en www.secretodelectura.blogspot.com. Del paso del periodismo a la ficción, la autora comentó que aprendió de la escritura bajo presión: “Esta novela la escribí, de sentarme a escribir, en dos meses. La corregí en más de dos años. Es algo que me dio el periodismo: escucho a gente decir que sale a caminar porque tiene el ‘síndrome de la hoja en blanco’. Pero uno como periodista le enseñan: ‘Ahí está la página y usted verá cómo la va llenar. El cierre es a las seis’”. 

Sigue navegando