Jalisco

¿Por qué Guadalajara tiene un escudo invisible contra tornados?

La orografía y la falta de planicies extensas protegen a la capital de Jalisco de los devastadores embudos de viento que azotan otras regiones

Ante las recientes tormentas severas que azotan el país, surge una duda natural: ¿Podría un tornado devastador golpear nuestra ciudad hoy? Aunque el clima extremo es cotidiano, la geografía local actúa como un escudo protector que hace prácticamente imposible este escenario.

La ciencia detrás del fenómeno

Para entender esta protección natural, es vital conocer qué es un tornado. Se trata de una violenta columna de aire en rotación, que se extiende desde una nube de tormenta hasta tocar la superficie terrestre.

En regiones como el centro de Estados Unidos, estos meteoros son comunes debido a sus vastas planicies. Sin embargo, en Guadalajara las condiciones topográficas y atmosféricas son completamente distintas, impidiendo su desarrollo.

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El principal factor protector de la capital de Jalisco es su accidentada orografía. La ciudad se encuentra rodeada por imponentes formaciones montañosas que alteran las corrientes de viento antes de que puedan organizarse.

Específicamente, la Sierra Madre Occidental y el Eje Neovolcánico funcionan como barreras naturales. Estas montañas rompen la cizalladura del viento, un ingrediente indispensable para que el aire comience a rotar sobre su propio eje.

El choque de masas de aire

Además, la formación de tornados de gran magnitud requiere el choque directo de dos masas de aire muy específicas: una corriente fría polar y otra masa de aire cálido y húmedo.

En nuestra latitud, es sumamente difícil que el aire gélido del polo descienda con la fuerza necesaria para colisionar abruptamente con el aire tropical sin perder sus características originales en el trayecto.

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La falta de llanuras extensas impide que estas masas de aire interactúen libremente. En lugar de chocar y generar rotación, los vientos se dispersan al impactar contra los cerros y barrancas.

Según datos históricos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), los eventos de viento extremo en la metrópoli suelen limitarse a ráfagas lineales o microrráfagas que descienden durante las intensas tormentas de verano.

Fenómenos menores y prevención

Es importante aclarar que, aunque la ciudad está a salvo de tornados destructivos tipo supercelda, el estado no está exento de fenómenos menores. En zonas abiertas se han documentado vórtices pequeños.

Estos eventos menores, a menudo llamados trombas terrestres o tornados no supercelda, son de corta duración y menor intensidad. Ocurren principalmente en áreas planas y agrícolas, lejos de la densa mancha urbana.

Otro factor que inhibe la formación de embudos en la metrópoli es la isla de calor urbana. Las variaciones térmicas generadas por el asfalto y los edificios alteran la dinámica de las tormentas locales.

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A pesar de este escudo natural, los expertos del Instituto de Astronomía y Meteorología (IAM) recomiendan no bajar la guardia ante otros riesgos climáticos. Las inundaciones y los vientos fuertes siguen siendo amenazas reales.

En conclusión, mientras la geografía montañosa siga abrazando a la ciudad, los grandes tornados seguirán siendo un mito en la región. Conocer nuestro entorno nos permite estar preparados y tranquilos ante la furia de la naturaleza.

Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor

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