Una red global para aprender a violar mujeres
Esta semana, una investigación periodística de la cadena internacional CNN As Equals publicó un reportaje vergonzoso y profundamente indignante titulado “Exposing a global rape academy”, sobre la existencia de una red global en línea denominada “academia para violar”, con miles de millones de interacciones entre hombres que comparten consejos para violar y abusar sexualmente de sus parejas y quedar impunes. El sitio central intercambiaba videos ilícitos con un solo mensaje: “contenido sueños”.
Son redes globales de hombres que comparten contenidos tomados sin consentimiento de sus parejas sentimentales y que tienen interacciones en foros en línea o mensajerías instantáneas. Redes que intercambian consejos para drogar a sus parejas y poder filmar sus agresiones sexuales de manera coordinada, junto con millones de usuarios intercambiando tácticas para no ser detectados y gozar de absoluta impunidad. El reportaje documentó hasta 62 millones de interacciones de hombres en solo un mes.
La investigación demostró que la violación a las parejas sentimentales sin consentimiento es global, se encuentra muy organizada y crece de manera exponencial. Hace varias semanas publiqué en esta colaboración el testimonio de Giselle Pelicot, quien fue violada por más de 50 hombres, habiendo sido drogada por su esposo, quien hoy tiene una sentencia de la justicia francesa. Con la evidencia de este nuevo reportaje, es claro que el caso Pelicot no es aislado ni atípico, sino que es parte de una cadena global de violación sexual e impunidad inexplicable.
La investigación evidenció la creación de diferentes grupos de la mensajería Telegram para compartir este tipo de contenidos, con miles de millones de interacciones. La reportera del medio se hizo pasar por hombre para entrar a este grupo y documentar todos los mensajes. También se evidenció que, con estos actos delictivos, los hombres monetizaban vendiendo livestreams, donde otros usuarios pagaban por ver estos delitos, así como otro tipo de espacios en donde vendían las sustancias para drogar a las mujeres.
Esta misma semana, con la inauguración de la Cátedra Rita Segato de la Universidad de Guadalajara, la misma Segato, en su exposición inaugural, refería a la violación sexual como una estrategia de guerra contra la autonomía y el cuerpo de las mujeres, y la mejor táctica de perpetuidad del patriarcado, preguntándose: ¿qué hace que los hombres sientan gusto viendo a otros hombres violar a una mujer inconsciente? Es decir, el gusto no es sobre las aberraciones cometidas contra mujeres inconscientes, sino en torno a las prácticas que entre ellos mismos hacen y les llevan a aplaudirse, sintiendo poder. El gusto es verse a sí mismos, entre hombres. Su erotismo cambia a partir de sus violencias ejercidas.
¿Qué tan enfermo debe estar un hombre que ve, comparte y gusta de ejercer y ver este tipo de contenido ilegal y profundamente violento? Siempre me he preguntado esto. ¿Cuál es la razón por la que los hombres prefieren drogar a una mujer y dejarla inconsciente para demostrar su poder sexual y qué tanto están destruyendo la confianza y el sentido de la intimidad? ¿Por qué les gusta verse entre sí mismos destruir los cuerpos de las mujeres?
Mientras nosotras, las mujeres, enseñamos sobre el consentimiento sexual, afuera hay redes globales que enseñan y aprenden formas sobre cómo violar mujeres en total impunidad. Aprender a no violar a una mujer no solo se enseña desde casa, tampoco se desestructura desde la educación institucionalizada; mucho menos se aprende en congresos “feer less”, desde donde se alaba una masculinidad virtuosa y prodigiosa, cualquiera que eso signifique. No tocar, no grabar y jamás difundir imágenes o videos de una mujer sin su consentimiento tendría que ser un eje estructural de nuestros aprendizajes cotidianos.
De manera vergonzosa, estamos ante redes globales cuya articulación no alcanza a ser comprendida por las autoridades, mucho menos perseguida y sancionada. Son redes que existen compartiendo formas de impunidad, el negocio más grande de este siglo en el mundo entero. Este reportaje quizá es tan solo la punta de algo mucho más profundo y, en torno a ello, es indispensable que la verdad salga a la luz y que la justicia no sea solo el anhelo de las mujeres, sino la realidad que les permita acceder a ella.