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Un himno a la vida

El marido la medicó durante nueve años con los medicamentos que él tomaba para la ansiedad y el insomnio. Una vez inconsciente, “invitaba” a otros hombres para que sostuvieran relaciones sexuales con ella dormida e inconsciente mientras el marido grababa todo. Fueron 51 hombres quienes participaron en uno de los mayores escándalos de violencia sexual que se han podido conocer en el mundo entero, 46 de ellos hoy condenados por violación probada y al menos 20 hombres que nunca fueron identificados ni detenidos, pero que sí participaban en los hechos. Ella, por supuesto, es Gisèle Pelicot, de 73 años, quien hoy publica su libro de memorias titulado “Un himno a la vida”, disponible en 22 idiomas.

Pelicot narra cómo fue que bajó y vivió en el infierno desde el momento en que se enteró de los hechos y decidió enfrentar su proceso judicial abierta y presencialmente, en un acto de la mayor valentía, desde donde pretendía ver a los ojos a todos esos hombres que la violaron. Hay que recordar que las víctimas de violencia sexual tienen el derecho legal al anonimato y, con esta decisión, Pelicot decidió que todo el mundo y los medios de comunicación conocieran su caso y, por tanto, su identidad. Relata que, con esta decisión, ella dejó de culparse a sí misma y de sentir dolor autoinfligido para dejar de sentirse víctima permanente, es decir, trascender su dolor y hacer, como lo dijo hace algunos años, “que la vergüenza cambiara de bando”.

Su fuerza para enfrentar la humillación constante que las mujeres víctimas de violencia sexual viven en los juzgados de todo el mundo, dice, fue ver y escuchar cada día a más mujeres afuera de esos espacios, esperándola, abrazándola y dándole soporte. Cuando una busca en las redes sociales los mensajes de muchas mujeres hacia Gisèle, el noventa por ciento de ellos es “gracias” por tu fuerza y por tu dignidad. Pelicot cambió el sentido y el significado de la vergüenza como un legado de vida.

Madame Pelicot narra en su libro que se dio cuenta de todo cuando la policía detuvo a su ex marido por un incidente considerado menor y, en la comisaría, un oficial le mostró, una a una, fotos de ella con otros hombres. Gisèle dice que al principio pensó que no era ella porque vio a hombres distintos a su marido, con quien había estado casada durante 50 años. El policía le dijo que a ella la habían violado más de 200 veces. La detención de su ex esposo fue casualidad, así como lo lee. El hombre fue detenido por estar grabando imágenes sexuales a mujeres en un supermercado y fue ahí donde encontraron los archivos en su computadora. Si no es por esta casualidad, Gisèle jamás se hubiera enterado de nada. Gisèle narra que la policía encontró más de 20 mil videos grabados por su esposo y que fue ahí cuando descendió directo al infierno que destruyó lo que había construido en su vida.

Gisèle señala en su libro que, estando en los juzgados y viendo de frente a los más de 45 hombres que la violaron, su sorpresa fue extrema cuando les preguntaban: ¿usted obtuvo el consentimiento de Madame Pelicot? Ellos señalaban que no, y enseguida les mostraban los videos de ellos en el acto sexual, y les preguntaban: ¿usted la violó? Y ellos respondían que no. La reflexión de Gisèle es enorme en torno a esto, porque quiere decir que ninguno de esos hombres sabe qué es el consentimiento sexual, cosa fundamental para sostener una relación sexual con otra persona. De acuerdo con la sociología, este caso hace evidente una suerte de “cultura de la violación” que prevalece en nuestras sociedades y que es urgente cambiar.

Después de toda esta tragedia, Gisèle se ha vuelto a enamorar y, a sus 73 años, ha ido construyendo poco a poco un nuevo significado a su vida, que hoy califica como llena de color. Pelicot se ha vuelto un símbolo de lucha y resistencia para muchas mujeres en el mundo entero. Nunca había querido relatar estos hechos ni dar entrevistas a los medios de comunicación; hoy lo hace a través de un libro desde donde demuestra qué significa renacer y trascender la condición de víctima. Gisèle Pelicot ha construido, desde su desgracia, su propio legado, desde donde ha decidido renacer y, seguro, dejará una huella en la historia de este mundo.

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