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Transporte público, entre la escalera y el elevador

Durante años, una de las quejas recurrentes de los usuarios del transporte masivo en el Área Conurbada de Guadalajara ha sido la falta de operación de algunos mecanismos auxiliares, escaleras eléctricas y elevadores, principalmente.

Miles de personas todos los días encaran retos máximos para acceder al transporte, porque son adultos mayores, porque padecen alguna discapacidad temporal o permanente, o porque llevan una carga adicional.

Este lunes 20 de abril, el gobernador del Estado, Pablo Lemus Navarro, anunció un programa extraordinario de mantenimiento para que funcionen adecuadamente 95% de las escaleras eléctricas y elevadores en las estaciones del Tren Ligero y las líneas de Mi Macro (Calzada Independencia o Periférico). Confirmó que se invertirán 100 millones de pesos en los próximos 100 días para que este equipamiento esté en uso correcto.

Lamentablemente, en Jalisco (como en el resto del país), carecemos de censos confiables para conocer cuántas personas están en condición de incapacidad por razones como edad o padecimientos crónicos. Podría calcularse, por estadísticas obtenidas en instituciones de salud, cuántas personas soportan alguna discapacidad temporal por razones de salud. No es un cálculo imposible, pero tampoco ha habido interés específico por obtenerlo, aunque mucho ayudaría.

En el anuncio realizado por el gobernador Lemus Navarro en sus redes sociales, lo acompañó Amílcar López Zepeda, hoy director del Sistema del Tren Eléctrico Urbano (Siteur) y él dio a conocer un dato importante: una escalera eléctrica en el sistema de transporte “se desgasta en un mes, lo que una escalera comercial, en un año completo”. Naturalmente, son cargas diferentes, pero ese dato -exacto o aproximado- permite “medir” la posibilidad de la solución permanente.

En otras palabras, aunque no haya una idea clara de cuántas personas necesitan una escalera eléctrica o un elevador en las estaciones del Tren Ligero o el Macro Periférico, queda la certeza de que esa infraestructura debe funcionar. Y eso tiene un costo que conviene sufragar.

Se entiende que, dada la proximidad de la Copa Mundial de Futbol, la ciudad se ve obligada a prestar el servicio de transporte masivo con la mayor calidad posible, pero el evento deportivo pasará y los habitantes de la ciudad merecen tener en operación estos mecanismos.

En los próximos 100 días se intervendrán 207 elevadores y 147 escaleras eléctricas. Es el anuncio. Si contar con estos servicios tendrá un costo de 100 millones de pesos, es indispensable que se habilite un esquema de prevención: atender las descomposturas en el momento que se presentan. Por eso adquirirán repuestos y tendrán personal capacitado de modo permanente.

Esta medida debió haber operado desde hace tiempo. No hasta ahora.

Y hay que añadir: debe exigirse el mejor uso posible del equipo; sancionar a quienes hagan uso indebido y limitar el uso de equipamiento a quienes no lo necesitan. No se trata de tener un vigilante por cada escalera y elevador. Pero sí hay situaciones en las que el abuso es evidente.

En la necesidad de contar con el mejor transporte público posible, conocidas las condiciones y características de la ciudad y sus usuarios, se hace necesario cooperar.

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