Ideas

Por su partido, todo, por el país, bien poco

La economía mexicana va tan bien que necesita que la iniciativa privada, por medio del PACIC, Programa contra la Inflación y la Carestía, haga más, con un mecanismo muy de los gobernantes mexicanos, los de hoy y los de antes: para que ellas y ellos puedan hacer su juego y poner sus muy ocurrentes ideas sobre lo que el desarrollo y el progreso deben ser, es imprescindible que los costos recaigan en otras, en otros: En la gente, que tiene que pagar más por lo básico para sobrevivir, y en quienes hacen la riqueza del país. Muchas, muchos deben asumir, aunque no quieran, el peso de las malas decisiones de las autoridades: trenes, una refinería, aeropuertos, el manejo de las finanzas públicas, la reforma al Poder Judicial de la que mana desconfianza sin fin y un tufo a autocracia que no puede ocultarse, como del plan B llamado reforma electoral: todos, la democracia, el federalismo y el INE, pierden; el régimen de partido único señorea; dar a las Fuerzas Armadas el manejo de empresas turísticas, de las aduanas, de la infraestructura y de la dizque seguridad; salvar a PEMEX y hacerse de la vista gorda con la incompetencia de la CFE, empresas que según el gobierno federal producen soberanía, desde la muy rebasada idea de soberanía que enarbola el régimen, aunque no produzcan hidrocarburos ni energía suficientes.

Por eso la economía no marcha, no por culpa de los productores o de los comerciantes, manda señales preocupantes y en México el gobierno opta por mentir. La Presidenta declara, contra la experiencia de cualquiera, que la inflación está contenida, para mantener el aura de infalibilidad que sólo ella y sus cercanos perciben. Pero este comportamiento, su nido es la mañanera, exhibió su nula eficacia con el derrame de petróleo en el Golfo de México: ahora sabemos que fue causado por Pemex, a pesar de que, con insistencia, y hasta con indignación, el gobierno de la República y el de Veracruz negaran que tuviera algo que ver. Del mismo modo ocurrió con las desapariciones que Claudia Sheinbaum intentó reducir en la hoja de cálculo con un borrador comprado en una papelería vecina de Palacio Nacional. Nadie fuera de las habitaciones del edificio virreinal le creyó. Luego renegó del informe publicado por la ONU; no obstante, ahora está dispuesta a recibir al Alto Comisionado para explicar lo que su gobierno ha hecho frente a este crimen de lesa humanidad. ¿Qué dirá ahora la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que también refutó, vergonzosamente, que la cantidad de desaparecidas, de desaparecidos sea lo que las evidencias muestran? Causa en Común acaba de publicar un estudio en el que revela que en desaparición forzada hay 97 % de impunidad; es lo ya clásico en la cuarta transformación y su segundo piso: la corrupción cesó, sin corruptos detenidos; desaparición a la baja, sin criminales procesados judicialmente.

La Presidenta presume antecedentes de ambientalista, y no es extraño leer que sabe de ciencia. Sin embargo, su verdadera maestra en política, en economía, en medio ambiente, en feminismo e igualdad sustantiva, es la realidad, la realidad de querer mantenerse, ella y su movimiento, en el poder. Con este anhelo como estandarte, nada más natural para el morenismo que usar la brocha que alguna divinidad ignota le prestó para teñir de bueno lo que no lo es y de verdadero las falsedades: ahora el fracking, satanizado por López Obrador, se volvió dador de soberanía energética, a pesar de los daños ambientales que su uso causa, a pesar de tener que emplear agua de la que no hay, ni siquiera para las personas. Detalles sin importancia junto a la luminosa posibilidad de declarar, cualquier mañana de estas, que la Presidenta dio con una salida para truncar la dependencia de gas importado. ¿Es verdad? Al régimen esta categoría moral no le preocupa; y si falla mentir, siempre se puede acusar al conductor de la locomotora, al guardavía o a los colaboradores que engañan al poderoso director de PEMEX.

La primera mujer Presidenta de México no fue omisa sobre lo que esto significa: “Como la primera presidenta de México, nuestra obligación es proteger a las mujeres.” “Es tiempo de las mujeres y es tiempo de la transformación… el futuro y el presente lo construimos juntas.” Con su convicción de discurso, Claudia Sheinbaum creó, en enero de 2025, la Secretaría de las Mujeres, y suponemos que, no queda sino suponer, con sus principios feministas, a prueba de todo, y con el poder para elegir entre las mejores a quien llevaría esa agenda, nombró a Citlalli Hernández. Un año y medio después nos enteramos de que, para este gobierno, las metáforas que lo definen son: derrames, descarrilamientos e incendios, surtido rico para animar el morbo llamado mañanera. Con la Secretaría de la Mujer resultó que Citlalli tuvo que elegir entre dos agendas: la de las mujeres o la de su partido -Morena-, al que incluso sus satélites se le escapan de su órbita: el Partido del Trabajo y el Verde, por lo que la secretaria Hernández, junto con la Presidenta, evaluaron bien las prioridades del país y concluyeron que si por un lado están la desigualdad de las mujeres, las brechas de todo tipo entre ellas y los hombres, y las violencias que padecen, y por otro, garantizar la alianza con el PT y el Verde, primero lo primero, es decir, lo segundo.

Claro, cabe la posibilidad de que el nombramiento de Citlalli fuera la primera señal de que la Presidenta sólo ofrece humo, basta repasar su gestión para entender que el movimiento feminista no pierde mucho; y así con lo demás: Remate de humo para paliar la realidad con falsedades. Al cabo, como es costumbre, el Gobierno de la República no gobierna para toda, para todos, actúa para sí mismo; y si miente y tergiversa, ¿qué le hace?, ¿para qué, si no es el poder? El de antes y el de ahora.

agustino20@gmail.com

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