Mi respuesta al Imeplan
Gracias al Imeplan por la “nota aclaratoria” a mi columna “Subsidio barato, subsidio caro” publicada el 13 de enero. Comparto mi respuesta.
El Instituto rechaza dos críticas formuladas en mi texto:
1. En mi columna cuestiono la calificación de 4.02 sobre una escala de 5 que obtuvo el transporte público en la Encuesta de Satisfacción a Usuarios del Transporte Público 2025.
Escribí que hay un submuestreo de cuestionarios aplicados en rutas convencionales, donde se trasladan 7 de cada 10 usuarios, e históricamente tienen las mayores deficiencias.
El Imeplan responde que esto es incorrecto pues “para garantizar la representatividad tanto global como por estrato (subsistema de transporte)” se encuestó a 2 mil 961 personas usuarias, superando el mínimo requerido de 2 mil 536.
Para lograr representatividad, continúa el Instituto, aplicó 690 encuestas en las rutas convencionales, por lo que existe un nivel de confianza del 95%. Esto permite ponderar (ojo con este término) las calificaciones por tipo de transporte y en general.
“No existe un submuestreo, sino un diseño muestral que asegura representatividad proporcional a la afluencia de los distintos subsistemas”, concluye el Instituto.
Van mis comentarios.
El 72.8% de los 2.5 millones de viajes diarios en transporte público en el AMG se realizan en rutas convencionales, según la encuesta Origen-Destino 2023, pero allí se aplicaron sólo el 23% de las encuestas. Muestrearon apenas 56 de 175 rutas existentes, según el documento. El Imeplan subsana esta disparidad mediante un “factor de ponderación”; es decir, dándole más “peso” a las respuestas de los usuarios de las rutas convencionales.
Se resuelve con un ajuste estadístico la representatividad de 1.6 millones de pasajeros del sistema colectivo que reportan las mayores deficiencias en el servicio.
Esta ponderación que, por cierto, nunca se aclara de dónde salió, ¿es técnicamente suficiente para reflejar la realidad?
Pongo un ejemplo. Entre las rutas encuestadas no está la T16B-C04 o 633 Villas-Campo Real. Esa ruta, según vecinos consultados, opera con cuatro unidades de lunes a viernes. El sábado sólo circulan dos y una el domingo. Su frecuencia de paso es de casi una hora. Es un servicio deficiente para 20 mil habitantes en el norponiente de Zapopan. En esa zona, claramente, proliferan los mototaxis.
En la lista de rutas muestreadas no aparece la 646 que circula saturada en horas pico por Avenida Lázaro Cárdenas. Tampoco aparecen la C07, C33, T18, C-31, T-11, C-110, C-121. Todas con reportes en redes por saturación o frecuencia deficiente.
Por otra parte, el Instituto de Movilidad en el sexenio de Aristóteles Sandoval no hacía “ponderaciones” sino que se aplicaban los cuestionarios en cada medio de transporte según su demanda.
Este punto ha sido señalado también por el Observatorio Ciudadano de Movilidad de Jalisco -integrado por técnicos- porque genera “una subrepresentación del transporte colectivo convencional”.
Detrás de estas fórmulas y tecnicismos se diluye el malestar de los usuarios, por lo que sería importante discutir la metodología de la encuesta.
2. Finalmente, el Imeplan sostiene que la encuesta se apega a lo establecido en la norma técnica para evaluar la calidad del servicio. Y concluye: “Se reitera que las apreciaciones subjetivas sobre la calidad del servicio de transporte público que no se sustentan en información trazable y consultable se alejan del carácter técnico y especializado que debe regir la discusión pública”.
La visión tecnocrática de la realidad, en aras de una pretendida objetividad absoluta, es insostenible en estos tiempos. Toda decisión técnica tiene sesgos que pueden usarse para justificar decisiones políticas o enmascarar la realidad.
“Ponderar” la calidad del servicio desde un escritorio se aleja de la experiencia directa del usuario. La técnica debe servir para conocer la realidad, no para ponderar deficiencias hasta hacerlas aceptables.
Desde septiembre solicité una entrevista con Patricia Martínez, directora del Imeplan, sin una confirmación hasta el momento. Reitero mi apertura al diálogo y a rectificar mi postura en caso de que esté equivocado.