Más territorio, menos Excel
El esfuerzo del Gobierno de Claudia Sheinbaum en la tragedia humanitaria de las desapariciones consiste en un Excel. Más que buscar personas, rasca estadísticas; se dedica a cotejar bases de datos, no a escuchar -menos a acompañar- a las buscadoras.
La otra parte del esfuerzo, hay que agregar de inmediato, se va en soltar a la CNDH contra la ONU y en sobrerreaccionar antes que en procesar el informe de Naciones Unidas que la semana pasada alertó de indicios de delitos de lesa humanidad en desaparición forzada.
Si la forma es fondo, hay que comenzar por lamentar que la presidenta eligiera el viernes previo al periodo vacacional para dar a conocer sus modificaciones y actualización al Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).
¿De verdad parte del cálculo de este gobierno que pretende agenciarse el término humanista para sí mismo es que pueden tapar con un sabadazo la atención obligada a la tragedia que abrasa a decenas de miles de familias?
Se ha vuelto moda preguntar quién ayuda a la Presidenta.
Perdón, en ese sabadazo -el pretender que la polémica por el nuevo registro de desaparecidos se difumine en Semana Santa- no hay margen para creer que se trató de un descuido, de un error, de un problema de agenda de alguien muy, muy ocupada.
El diseño mediático de este sabadazo estadístico fue cuando menos lamentable. Y fútil. Porque estas víctimas y sus familias no van a aceptar la nada cristiana sepultura estadística que pretende el Gobierno con sus nuevas tres categorías.
Como se sabe, ahora el Gobierno hoy agrupa a los desaparecidos en al menos tres segmentos: aquellos con “datos insuficientes” (46 mil 742 o 36%); a otros con “actividades y registros” después de su desaparición (40 mil 308 o 31%) y a los “sin actividad” (43 mil 128 o 33 por ciento).
Haber logrado esas categorías -incluso si se concede que el recuento oficial de esas víctimas tiene problemas que datan de varios sexenios- de poco va a servir si los principales afectados, las familias y los colectivos de buscadores, no lo reconocen como un avance.
El registro refleja una Presidencia ocupada en su imagen. Y muestra a un Gobierno ensimismado (AMLO dixit) que mediante un PowerPoint remite a las víctimas a quejarse en Bucareli, y a la opinión pública a debatir mientras la presidenta presume el AIFA.
Con AMLO al menos se corría la cortesía al colectivo al que se le dedicó atención única de que, cada vez que tenía algo que informar a las madres y los padres sobre los normalistas de Ayotzinapa, primero se los comunicaba a los familiares y luego a la sociedad.
La Presidenta Sheinbaum olvida su mandato en la tragedia de las desapariciones. Debe abrir el Palacio a los cientos de agrupaciones que durante años han padecido abandono institucional en la búsqueda de sus seres queridos. Escucharlas y atenderlas. Ella. E informarles primero y a satisfacción.
Si este régimen puede censar familias que requieren apoyos, qué podría costarle confeccionar el censo de todas y cada una de las que buscan a un ser querido para luego gestionar públicamente, por un lado, la activación del expediente y, por otro, la búsqueda oficial de cada caso.
No hacerlo, y pretender que son “tendenciosos” señalamientos como el de la ONU de la semana pasada, donde urge a que México reciba apoyo para lidiar con indicios de delitos de lesa humanidad por desaparición forzada, solo hace más hueco su nuevo powerpoint.
A la Presidenta Sheinbaum le urge el territorio de las madres de estos otros pobres, los desaparecidos, y le sobra mucho Excel.