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Los gavilanes se están comiendo a las palomas

Ahora estoy en que ya no entiendo la relación con el señor Trump, al que yo veo declarar de forma muy agresiva, pero según las interpretaciones de nuestro gobierno no pasa nada, todo está tranquilo y planeado.

Por otro lado, Claudita insiste en que los españoles no conquistaron, invadieron nuestro país, pero con ese mismo criterio y dado que nuestra amada presidenta no pertenece a ningún pueblo originario, pues entonces tendremos que considerar su gobierno como una invasión búlgara-lituana, por las mismas causas que ella critica a los gachupines, con lo que yo estoy de acuerdo.

De ahí en más, al parecer el nieto de mi general arrestó a varios de los malos de Malolandia; lástima que esos no les interesan a los gringos, pero qué cantidad de malos ha detenido. Claro, a mí me queda la duda de a dónde fregados los llevan, porque nuestras cárceles estaban sobrepobladas desde antes y, con los casi 30,000 que ha detenido, pues dónde los pone. Entonces, se me ocurre que deben regañarlos y mandarlos a su casa, como decía el pasado presidente: que los regañe su abuelita y a su casa, porque somos buenas gentes, no queremos reprimir.

Y otra cosa que me llama la atención es que, si bien ha detenido a casi 30,000, tan solo 11,000 traían armas, ya que es el número de armas que consignó, a menos de que, aunque no lo creo, algunas se quedaran en el camino, porque tanto soldado, alguno malo va a caminar por ahí. Pero, en fin, es muy bueno que hayan agarrado a tantos malos; lo que no me gusta es su sistema de clasificar, ya que los separan en forma absoluta. Yo veo muertos y vivos, muertos naturales y muertos producidos, esto es, que alguien les ayudó a pasar al valle de Josafat.

Y eso me hace recordar el rancho de mi abuelo, que estaba en la costa y donde eran muy salvajes. Así, la muerte a machetazos era la forma natural de salir de este valle de lágrimas, con la particularidad de que al velorio siempre tenían que llevar una banda musical; no crean que de asesinos, y tocaba la música ante el cadáver. Pero si a la familia del fallecido le faltaba la lana y alguien del público quería seguirla, pues él pagaba la música y se llevaba a la banda y al muerto a seguir tocando en la nueva ubicación.

Y ahí, como no había cura, había un domicilio que yo, por maledicente, dije que era un prostíbulo, que cuando mi abuelita iba al rancho lo convertían en capilla, y un sujeto del pueblo, el más devoto, rezaba un viacrucis que decía así:

“Ya lo suben, ya lo bajan, ya lo vuelven a subir; ya le estiran su greñero y están dale que dale en su pobre costillar”, y el pueblo contestaba: “Pobre de él, tan macho y tan guantador”.

“Ya lo meten, ya lo sacan, ya lo vuelven a meter, ya le estiran su greñero y están dale que dale en su pobre costillar”.

@enrigue_zuloaga

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