Las redes y el toque de queda voluntario…
Quienes andan muy activos en las redes sociales son las corporaciones de seguridad estatales y municipales. Por todos lados salen videos de patrullas recorriendo la ciudad y policías caminando entre las calles, presumiendo, como debe ser, el “trabajo interinstitucional”.
Pero, ¿las autoridades sabrán que no se gobiernan a través de Tik Tok o Instagram? Porque la gente no se siente más segura viendo videos.
Tan solo un ejemplo: entre voces y murmullos, en varias zonas de Tesistán se ordenó una especie de toque de queda voluntario: a más tardar las tres de la tarde algunos negocios ya estaban cerrando, mientras otros apuraban a los clientes para irse. Otros de plano ni abrieron, como en la mayoría de la ciudad.
* * *
En el Mercado de Abastos también hubo un capítulo histórico: por primera vez bajaron la cortina. Se confirmó que la seguridad se reforzó “al 100%” tras acordar con el Gobierno del Estado el cierre preventivo durante el lunes. Nada menor para un lugar que abastece a 170 mercados municipales y mueve mercancía a medio país.
La promesa es que hoy todo volverá a la normalidad, porque aquí no solo se vende: se sostiene la cadena alimentaria. Y como los productos son perecederos… la paciencia también.
Entre protocolos, rondines y declaraciones optimistas, el mensaje es claro: el jitomate no puede esperar a que pase la tormenta política o mediática. Si la seguridad ya está al 100%, toca demostrarlo con cortinas arriba y camiones cargados.
Por cierto, nos cuentan que este martes se levanta el Código Rojo, por lo que la actividad comenzará a reactivarse en todos los sectores.
* * *
La Secretaría del Trabajo Federal llegó con cifras bajo el brazo y optimismo a prueba de críticos: presume una recuperación del 154% del salario mínimo en siete años, todo gracias a la “bendita gradualidad”. En otras palabras, subirlo pasito a pasito resultó casi milagroso: inflación “a raya” y trabajadores con mayor poder de compra. ¿Será?
Y como toda buena receta gubernamental, dicen que la clave está en repetir la palabra mágica: gradualidad. La misma que ahora se propone para pasar de 48 a 40 horas laborales a la semana, no sea que el reloj económico se nos descomponga.
El Gobierno insiste: aquellos que auguraban una inflación desbordada fallaron en su profecía. Falta ver si el bolsillo coincide con el discurso… también de forma gradual.