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La peregrinación como conquista personal

¿Alguna vez has participado en una peregrinación? ¿Lo harías? En México, cerca de 40 millones de personas lo hacen cada año. La cifra no solo impresiona: cuestiona la idea de que caminar hacia un destino religioso es una práctica lejana a la reflexión, al reto personal o al crecimiento interior.

Este año acepté la invitación a caminar hacia Talpa, tierra de mi abuela materna. La propuesta vino de un querido amigo que vive en Estados Unidos. Nunca lo había hecho. Llegué sin expectativas claras y regresé con algo difícil de explicar: no fue solo vivir una tradición, fue una experiencia profundamente personal.

Caminar durante horas transforma la conversación interna. El cansancio aparece, pero también la capacidad de administrarlo. El cuerpo se adapta. La mente se ordena. Poco a poco entiendes que no todo se trata de llegar, sino de prestar atención al paso que estás dando.

Y entonces aparece algo que rara vez se vive con tanta claridad: la solidaridad. Personas que no caminaban regalaban agua, naranjas y ánimo. Bomberos atentos saludaban y cuidaban a los peregrinos. Familias completas salían al encuentro. Es una contranarrativa de nuestro tiempo: aquí, los desconocidos se cuidan entre sí.

Este fenómeno no es exclusivo de México. Las peregrinaciones del mundo muestran escalas muy distintas. El Hajj en Arabia Saudita reunió a 1,833,164 peregrinos en 2024, con casi 88% provenientes del exterior. En el otro extremo, el Kumbh Mela en India —reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural intangible desde 2017— ha superado los 100 millones de asistentes en su edición más reciente.

México también vive esta intensidad. La Basílica de Guadalupe recibe más de 11 millones de visitantes, llegando a cifras cercanas a 13 millones en años recientes. En Jalisco, San Juan de los Lagos convoca entre 6 y 7 millones de peregrinos cada año, mientras que la Ruta del Peregrino hacia Talpa, con sus 117 kilómetros, moviliza entre 2 y 3 millones de personas. Tradiciones que vienen de siglos atrás —desde 1585 en Talpa o 1623 en San Juan— y que siguen vigentes porque responden a algo profundamente humano.

Desde una perspectiva más analítica, la evidencia también rompe otro prejuicio: no todos peregrinan solo por fe. Estudios sobre el Camino de Santiago muestran que 74% de los peregrinos inicia por motivos psicoexistenciales y 75% afirma que la experiencia cambió su vida. Además, motivaciones personales como el reto, la claridad mental y la búsqueda interior suelen pesar tanto o incluso más que las religiosas.

Esto obliga a replantear la conversación. La peregrinación no es solo tradición ni devoción: es también una tecnología humana ancestral para confrontarte contigo mismo y recordarte que eres capaz de volver a casa.

Si lo vemos desde la economía, la música en vivo en México genera una derrama similar al turismo religioso, estimada entre 20 y 30 mil millones de pesos anuales. Si se resolvieran desafíos asociados a la experiencia de peregrinar, como la gestión de residuos, la regulación del ruido en ciertos tramos o el cuidado del paisaje, nuestro país podría consolidarse como una potencia global en la generación de valor a partir de algo tan simple y profundo como caminar juntos.

Si no escuchas, no vendes.

emiliano@lamarcalab.com

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