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Jalisco, con mejores cuentas que Nuevo León

Detrás de cada peso que un gobierno decide gastar hay una declaración de intereses y prioridades: ¿se utiliza ese peso para mantener a la burocracia, para pagar deudas o para construir el futuro a través de la infraestructura? Esta pregunta cobra hoy más relevancia que nunca, en un entorno donde la Federación proyecta un panorama económico malo para 2027, con un crecimiento que el mercado estima de apenas en un 1.5% del PIB y una deuda pública federal que escalará hasta el 55% del Producto Interno Bruto.

Ante la posible reducción de transferencias federales por la caída en los ingresos recaudados, transferencias de las cuales los estados dependen para obtener 8 de cada 10 pesos de sus ingresos, el margen de maniobra de los gobernadores se está apretando. Para entender quién está gestionando mejor esta escasez, el nuevo semáforo de la organización civil México, ¿cómo vamos?, nos ofrece una métrica reveladora: cuánta inversión pública realiza un estado por cada peso que destina al pago de su deuda.

En este ranking, Jalisco destaca con una salud fiscal envidiable frente a sus pares. Con una razón de 1.93 pesos invertidos por cada peso destinado a deuda, la entidad se posiciona en el semáforo verde, superando significativamente el promedio de las grandes economías del país. Mientras Jalisco logra mantener un ritmo de inversión que casi duplica su costo financiero de su deuda, otros "gigantes" económicos muestran señales de fatiga preocupantes.

El contraste es drástico cuando miramos hacia el norte o al centro. Nuevo León, a pesar de su dinamismo industrial, se encuentra en semáforo rojo, destinando apenas 0.34 pesos a inversión por cada peso de deuda. El Estado de México no corre con mejor suerte, situándose en los 0.49 pesos, también en niveles críticos. Incluso la Ciudad de México, con un indicador de 0.94, se queda en el terreno amarillo, sin lograr que su inversión supere el costo de sus compromisos financieros.

¿Qué nos dicen estos números? Que en estados como Quintana Roo o Colima, donde la relación es cercana a cero, el pago de la deuda ha absorbido prácticamente toda la capacidad de generar obra pública. Por el contrario, estados como Puebla (13.42) o San Luis Potosí (9.89) lideran la tabla nacional, demostrando que es posible priorizar proyectos de retorno social como hospitales y transporte sin ser devorados por los intereses bancarios.

Jalisco brilla con una estructura financiera que le permite todavía destinar más de su dinero a inversión y no tanto al pago de intereses, mientras que otras economías locales como Nuevo León o el Estado de México, terminan forzados a destinar una mayor parte de sus recursos al pago de intereses de su deuda y no al desarrollo de sus regiones.

El punto débil de Jalisco y de todas las entidades sigue siendo su altísima dependencia de la Recaudación Federal Participable. Si la economía nacional se desacelera y la recaudación cae, el "oxígeno" para la inversión se agotará, sin importar qué tan ordenadas estén las cuentas locales.

Recordemos que la inversión pública no es un lujo, es el motor que, junto a la inversión privada, genera empleos de calidad. Si los estados permiten que el costo financiero desplace al mantenimiento y construcción de escuelas, hospitales y carreteras, México estará consumiendo el capital que debería asegurar su crecimiento futuro, condenándonos a la parálisis operativa que ya se asoma en las cuentas federales.

Israel Macías López. Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara.

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