Invertir en la cultura, una urgencia municipal
En el tablero de ajedrez que representa la administración pública, las piezas suelen moverse bajo la presión del pragmatismo más inmediato. El bacheo de una avenida, la luminaria que finalmente vence a la penumbra o el refuerzo de la seguridad son, sin duda, necesidades que claman con voz de trueno en los presupuestos municipales. Sin embargo, existe una urgencia más silenciosa, pero infinitamente más profunda, que corre el riesgo de quedar relegada al rincón de lo “prescindible”: la cultura.
Queremos exhortar a nuestras autoridades a no desviar la mirada del fomento artístico; no es un ruego romántico, es una exigencia de salud social. Cuando el presupuesto se cierra sobre sí mismo, ignorando el pincel, la nota musical y el escenario, lo que se está ahorrando en monedas se está perdiendo en tejido social. La cultura no es solo el adorno de una gestión, es su columna vertebral.
Imaginemos, por un momento, nuestra Vía Recreativa no solo como un corredor de asfalto y sudor deportivo, sino como un río donde desembarque la música. Que en cada esquina la expresión espontánea del teatro nos obligue a detener el paso, que la danza rompa la rigidez de lo cotidiano y que el canto eleve la frecuencia de una ciudad que a veces olvida sonreír. Promover estos espacios es, en esencia, un acto de medicina preventiva.
Invertir en el rescate de nuestras artesanías y en el impulso a la innovación creativa es apostar por la identidad. Un pueblo que reconoce la belleza en el barro y la vanguardia en el lienzo es un pueblo con carácter, difícil de doblegar por el desánimo. Todo recurso destinado a la cultura es, en realidad, un fomento directo a la unidad y a la solidaridad creativa. El arte nos obliga a mirar al otro, a reconocer su estética y a elevar nuestra conciencia colectiva.
La cultura, de la mano del deporte, revitaliza el espíritu de barrio y construye ciudadanos más sensibles, menos reactivos, menos explosivos y más propositivos. Por ello, la invitación a los ayuntamientos es clara: no permitan que la aritmética fría del escritorio asfixie el estallido del talento local. En estos tiempos de fragmentación, la cultura es el pegamento que nos mantiene unidos, recordándonos que, más allá de los servicios básicos, lo que realmente nos hace comunidad es nuestra capacidad de crear, de imaginar y de contemplar la belleza en el espacio público. Apostar por el arte es, al final del día, una inversión muy rentable para nuestro porvenir.
dellamary@gmail.com