El Informe Tapalpa del general Trevilla
Si el domingo fue la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) la que encabezó el operativo de detención de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en Tapalpa, fue también su titular, el general Ricardo Trevilla, quien protagonizó ayer la jornada del día después, cuando Jalisco y muchas otras partes del país se mantuvieron en alerta máxima.
No solamente por el momento en el que se le quebró la voz al lamentar la muerte de los 25 elementos de la Guardia Nacional caídos el domingo en los ataques de las células delictivas del Cártel Nueva Generación luego de la detención y abatimiento de su líder máximo en Jalisco y en al menos otra veintena de Estados de la República, sino por la explicación paso a paso del operativo, desde su planeación hasta su ejecución, así como por la revelación del otro operativo en el municipio de El Grullo, donde abatieron a Hugo “H”, alias “El Tuli”, operador financiero de “El Mencho” al que le aseguraron 7.2 millones de pesos y 965 mil dólares, y quien el domingo operaba bloqueos en esa región ofreciendo 20 mil pesos por cada militar muerto.
Pero sin duda, lo que marcó su intervención de ayer, y dará mucho de qué hablar y analizar, es el mensaje político con el que cerró luego de reponerse de cuando se le resquebrajó el habla al enviar sus condolencias a las familias de los elementos que murieron en las refriegas con los sicarios, en el sentido de que con el operativo del domingo se demostró la “fortaleza del Estado Mexicano”. “De eso no hay duda”, afirmó Trevilla.
Y es que, aunque no hay duda de que fue una operación militar exitosa, que ha sido reconocida por el Gobierno de Estados Unidos y otros países, lo cierto es que durante muchos años en México no había existido la voluntad política de los Gobiernos de aplicar toda esa fortaleza para detener el crecimiento del poder corruptor y de fuego, que, por años, han tenido los grupos de la delincuencia organizada.
De hecho, todo ese poderío del Cártel Nueva Generación se desplegó luego del operativo de detención en Tapalpa, en 25 estados de la República, donde realizaron agresiones directas a la población como el robo de automóviles, unidades de transporte público, y quema de edificios públicos y privados, para exigir, inicialmente, su liberación, y para vengar después su muerte.
No hubo en muchas de esas comunidades que sufrieron las acciones de las milicias de esta organización delictiva en el Área Metropolitana de Guadalajara, en Puerto Vallarta, Etzatlán y otros municipios de Jalisco y del país, esa fortaleza del Estado Mexicano para detener a los generadores de violencia, que mantienen en vilo a la ciudad y a sus habitantes sin poder ocupar sus espacios públicos que les permitan recuperar en paz su vida cotidiana. Ojalá esa fortaleza del Estado se aplique más allá de los operativos élite y lo garanticen también las policías estatales y municipales, que volvieron a ser rebasadas por la delincuencia.
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