Ideas

Domingo negro: la última llamada

Nunca, en la historia de México, habíamos vivido acontecimientos como los sucedidos el domingo 22 de febrero, en los que perdieron la vida civiles y militares. No es momento de lanzar cohetes y repartir felicitaciones entre los actores que fueron parte del exitoso operativo para eliminar al mítico Mencho. El Ejército y su comandante general, y la Presidenta Claudia Sheinbaum, solo hicieron aquello a lo que la Constitución los obliga; ni más ni menos. El general secretario lloró, con rabia, por la muerte de los soldados que, en cumplimiento de su deber, ofrendaron su vida.

Ojalá sus lágrimas coincidan con las de miles de madres buscadoras y las de las víctimas de quienes, debiendo combatir a la delincuencia, se asocian con ella para satisfacer sus apetitos de dinero. Tampoco es momento de repartir culpas y cobrarse agravios. Sí lo es para de sentarse a recapacitar cómo superar esta crisis originada en una sociedad cuya riqueza es inequitativa; en el rompimiento del orden jurídico: “¿La ley? ¿Qué es la ley?”; y en la confusión dogmática de que todos los mexicanos somos iguales, eliminando el mérito que distingue a quienes trabajan y se esfuerzan más que los demás.

Curiosamente, había seleccionado como tema para la columna que lees, el éxito obtenido por el tapatío Donovan Carrillo, patinador artístico sobre hielo, quien, venciendo innumerables adversidades, logró colocarse entre los 20 mejores patinadores del mundo en las recientes Olimpiadas de Invierno celebradas en la ciudad de Milán. Perdón por el exabrupto, pero no lo podía dejar pasar. El reconocimiento de personas como Donovan nos reconcilia con lo mejor de nosotros mismos.

Retomo el tema. México, hace años, dejó de ser un Estado de Derecho para ser desplazado (cubriendo los ritos electorales) por poderes espurios, ilegítimos e informales. Los acontecimientos del 22 de febrero han mostrado la fragilidad de un sistema político y económico en crisis, y un orden constitucional violentado por quienes -so pretexto de combatir la injusticia social- fueron minando los controles constitucionales. La división de poderes, sustantiva para evitar su abuso, fue socavada desde dentro del gobierno para concentrar en el ejecutivo todos los poderes y garantizar el éxito de la 4T (lo que sea que esto signifique). 

Ya basta de pontificar sobre la corrupción mientras se encubre a los corruptores. Basta de privilegiar la “lealtad” sobre la capacidad. Basta de cerrar los ojos y no querer ensuciarnos las manos en tanto que los traficantes de influencias y poder llenan sus bolsillos de oro. Basta de familiares incompetentes en las nóminas públicas, de empresarios corruptos y de políticos “travestis”. Aceptémoslo, o cambiamos para ser mejores y construir un mejor país, o el mundo que le estamos heredando a nuestros hijos y nietos solo será el reflejo de nuestra cobardía e incompetencia. El silencio es cómplice.

Recuperemos nuestra voz. Tal vez esta sea, para mi generación, la última llamada.

Temas

Sigue navegando