Dodgers ya no reinan solos… aunque México los sigue más que nunca
El Oeste de la Liga Nacional vive una de sus etapas más intensas mientras millones de aficionados mexicanos siguen una rivalidad que ya también forma parte de su propia identidad beisbolera
Durante muchos años la División Oeste de la Liga Nacional giró prácticamente alrededor de Dodgers de Los Ángeles. La lógica parecía simple: todos competían… y Dodgers terminaba imponiendo condiciones gracias a su poder económico, profundidad deportiva y capacidad permanente de reconstrucción. Pero algo empezó a cambiar. Hoy la división más espectacular de las Grandes Ligas ya no tiene un dominador absolutamente cómodo. Padres de San Diego compite de verdad, Giants de San Francisco vuelve a levantar la mano y Diamondbacks de Arizona dejó claro que también puede convertirse en protagonista serio.
El Oeste de la Nacional ya no es territorio de administración tranquila para Dodgers.
Y quizá eso explique por qué millones de aficionados mexicanos siguen esa división con una intensidad cada vez mayor. Porque además de reunir algunas de las figuras más espectaculares del planeta —Shohei Ohtani, Mookie Betts, Freddie Freeman, Fernando Tatis Jr., Manny Machado o Yoshinobu Yamamoto— existe también una conexión histórica, cultural y emocional muy profunda entre México y buena parte de esas organizaciones.
Particularmente con Dodgers.
La franquicia angelina construyó durante décadas un vínculo especial con la afición mexicana. Y buena parte de esa relación nació desde una figura irrepetible:
Fernando Valenzuela.
Lo de Fernando trascendió el beisbol. No fue solamente un fenómeno deportivo. Representó orgullo, identidad y sentido de pertenencia para millones de mexicanos que por primera vez vieron a uno de los suyos convertirse en figura central del deporte más complejo del mundo. La “Fernandomanía” cambió para siempre la relación entre México y Dodgers.
Después llegarían otros nombres importantes como Adrián González, referente moderno del pelotero mexicano exitoso en Grandes Ligas; Víctor González, pieza importante en el campeonato angelino; Sergio Romo en un breve y poco valorado paso por la organización; y ahora el reciente arribo de Alek Thomas, que vuelve a conectar a Dodgers con el enorme mercado mexicano.
Pero precisamente ahí aparece también una sensación que muchos aficionados siguen compartiendo:
Dodgers ama profundamente el mercado mexicano… aunque no siempre ha sabido construir la misma cercanía constante con el pelotero mexicano.
El caso de Fernando sigue dejando incluso otra percepción difícil de ignorar. Sí, Dodgers retiró merecidamente su número y terminó reconociendo públicamente su dimensión histórica. Pero para muchos quedó la sensación de que la organización pudo haber empujado todavía más fuerte para respaldar seriamente su llegada a Cooperstown. Porque más allá de debates estadísticos, Fernando Valenzuela transformó culturalmente el beisbol como pocos peloteros en la historia moderna.
Y también quedan otros casos discutibles.
Sergio Romo prácticamente fue desechado por Dodgers bajo la percepción de que estaba terminado competitivamente. Después siguieron todavía varias temporadas sólidas en Grandes Ligas y posteriormente una conexión muy exitosa con Charros de Jalisco, donde volvió a demostrar liderazgo y calidad competitiva.
Víctor González aportó en momentos importantes y terminó saliendo rápidamente del radar. Y alrededor de Julio Urías permanece todavía una relación compleja, marcada naturalmente por su grave error personal y las consecuencias derivadas de ello, pero también por la sensación de distanciamiento absoluto hacia quien llegó a convertirse en uno de los brazos más importantes de la organización.
El beisbol mexicano cambió.
La relación entre México y Grandes Ligas también cambió.
Y quizá el Oeste de la Nacional sea hoy la prueba más visible de algo que muchos todavía siguen subestimando:
México ya no solamente produce aficionados ocasionales para MLB, se convirtió en uno de sus mercados culturales más fuertes fuera de Estados Unidos, le toca a sus equipos de la gran carpa no soltar a esa gran afición, haciendo lo que les toca para preservarla y que crezca.
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