La mujer en la ventana
Durante varios días fue un escándalo y debate nacional la fotografía de una mujer leyendo plácidamente en bermudas, asoleándose unas piernas blanquísimas en una de las ventanas del Palacio Nacional. Como San Pedro, los periodistas y propagandistas cuatroteros lo negaron tres veces antes de que cantara el gallo, dijeron que era falso, acusaron a quien publicó la imagen de haberla realizado con Inteligencia Artificial, la Presidenta también lo negó en la Mañanera y acusó a los periodistas de mentir. Ayer, muy quitada de la pena, Claudia Sheinbaum aceptó que la imagen era real, que una mujer, no dijo quién, efectivamente se sentó a tomar el sol en la ventana de Palacio, y que, como no existe una prohibición expresa, solo le llamaron la atención.
Evidentemente, lo grave del asunto no es que una mujer se asolee las piernas. Son dos los temas realmente delicados en esta banalidad de la mujer de la ventana.
El primero es el uso privado de un edificio patrimonial. Por una decisión, que tiene, como todas estas acciones, aspectos positivos y negativos, se abandonó la residencia oficial de Los Pinos en Chapultepec y se trasladó la vivienda del presidente y ahora de la Presidenta de la República al Palacio Nacional. Esa es la casa de la jefa del Estado y de su familia, y la gente que vive en ella tiene necesidad y derecho a hacer ahí cosas de la vida cotidiana, como, por ejemplo, tomar el sol. La Presidenta no nos dijo si el área en que ocurrió esto es parte de los apartamentos donde ella vive, es decir que fue una invitada suya quien salió a pavonearse a la ventana, o si fue en un área de trabajo, lo cual implicaría que fue una burócrata. De haber sido el caso, no solo le habrían llamado la atención, sino que la habrían corrido por estar de floja y exhibiendo valemadrismo con desfachatez.
El segundo tema, mucho más delicado, es la mentira, la facilidad con la que la Presidenta y su equipo mienten y denuestan el trabajo periodístico. Con dinero público se activó a una red de agoreros y bots para descalificar a quienes simplemente señalaron un hecho que si no es ilegal (no lo es porque se habitó un edificio patrimonial sin haber hecho un reglamento para su uso habitacional) sí es irregular. Cuando el Gobierno usa el poder y el presupuesto para denostar a ciudadanos y no para generar información, estamos ante un franco retroceso democrático.
Cuando organismos como el Instituto V-Dem califican al Gobierno mexicano como una “autocracia electoral” es a este tipo de actitudes a las que se refieren. La democracia implica contrapesos, transparencia y rendición de cuentas. La pérdida de estos valores democráticos es lo que este pequeño incidente sin importancia de las piernas en la ventana deja ver de cuerpo entero.