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Los tubos no dan votos; el agua sí los quita

Existe la certeza entre los políticos de que gastar en infraestructura hidráulica no da votos, que hacer grandes obras de infraestructura de agua y drenaje es como enterrar dinero, mientras que un parque, una carretera, una calle o una escuela tienen gran rentabilidad electoral. Tan cierto es ello como que un problema grave de agua y drenaje sí quita votos. Tandeos, inundaciones o agua de mala calidad pueden ser una causa de una derrota electoral.

El problema de agua en Guadalajara llegó a límites no vistos en décadas: la planta potabilizadora número 1, la de Miravalle, ya no funciona. No solo es vieja y arcaica, sino que no tiene la capacidad para potabilizar correctamente y eliminar algunos químicos con los que está llegando el agua por el canal de Atequiza, particularmente el manganeso que le da ese color amarillento de que tanto se quejan los usuarios.

Las bombas son tan antiguas que no hay refacciones, hay que hacerlas pieza por pieza y fallan un día sí y otro también. (La palabra es precisa, no están viejas, son antiguas, algunas de ellas tienen setenta años y otras están llegando al siglo). Ni hablar de los ductos, comenzando por el acueducto de Chapala a Guadalajara hasta las viejas tuberías de barro que hoy no son sino oquedades en el subsuelo.

La calidad del agua que surte el SIAPA no va a mejorar en los próximos días, por el contrario, seguirá empeorando porque el sistema está en crisis. No basta que el director del SIAPA diga que el agua “cumple con la norma” pues claramente no es cierto, más cuando el secretario de Salud recomienda que nadie la use para cocinar ni para lavarse los dientes. 

Si hay dinero suficiente para invertir en la renovación de las plantas de tratamiento y en infraestructura necesaria para reconducir caudales y mejorar el sistema de distribución, quizá en seis meses comencemos a ver mejoras en la calidad del agua. Si no lo hacen la ola les va a reventar en la cara y tendrá efectos en la próxima elección.

El Gobierno de Lemus puede argumentar que esto no es culpa suya. Quizá tenga razón, pero eso no importa. Lo que estamos viviendo ahora es el resultado de décadas de abandono, malos manejos, uso político de las instituciones, corrupción y pésimas decisiones. Da igual, podemos dedicar horas al diagnóstico (y habrá que hacerlo para no volver a cometer los mismos errores) pero el dato ineludible es que es este gobierno quien tiene la responsabilidad de resolver el problema técnico, financiero y político, en ese orden. El técnico es complejo, sin embargo, los profesionales del agua de esta ciudad tienen claro el problema y saben qué es lo que hay que hacer. El financiero requiere entender que este es el problema más importante y que hay otras cosas que pueden y deben esperar.

El político es el de fondo: el gobernador Lemus tiene que tomar decisiones y entre más se tarde, mayor es el costo a pagar.

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