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Jalisco, impunidad es la marca

A los tapatíos se nos llena la boca cuando hablamos de las cosas que definen a Jalisco, cuando se trata de presumir eso en lo que somos líderes en el país. Que somos el Estado más mexicano, inventores del tequila y el mariachi; el que produce grandes deportistas y los mejores artistas; que somos el gigante agroalimentario, el que le da de comer al país; el Valle del Silicio región cuatro; que si el mejor pan es el nuestro (el birote, por supuesto) etcétera. Todo esto, con matices y exageraciones, es cierto. Algunas de esas cosas poco o nada tienen que ver con las acciones de gobierno sino con esfuerzos personales o sociales, pero ahí están.

Si revisamos los indicadores de competitividad del IMCO estamos en el número seis de los 32 Estados, con muy buenos resultados en cosas como innovación (primer lugar nacional) y mediocres en temas de gobierno (noveno), de sistema político (lugar doce) o apertura internacional (decimotercero). Donde estamos pésimos es en estado de derecho, donde somos el lugar 27 de 32. Más grave aún, de acuerdo con otra organización no gubernamental, México Evalúa, Jalisco es el Estado con mayor impunidad en la república con un índice de 97.8, por debajo de Estados como Morelos, Guerrero o Estado de México. No es gratuito, viendo estos datos, que Jalisco sea también el líder absoluto en personas desaparecidas.

La impunidad tiene muchos factores, algunos de ellos estructurales, como un Poder Judicial capturado e ineficiente y una Fiscalía del Estado intencionalmente debilitada. Otros son culturales, como la altísima tolerancia al delito y la facilidad con la que la sociedad jalisciense convive con delincuentes, sean de cuello blanco, políticos corruptos o miembros del crimen organizado. Nos hemos acostumbrado, cual ranas en un cazo de agua ardiendo a fuego lento, a la impunidad, a que la justicia corre por otros derroteros que no son los institucionales; a que los jueces tienen dueño o en el mejor de los casos simplemente precio; a que no vale la pena denunciar porque nada se va a resolver, porque nadie va a investigar; a que el jefe de plaza es el que “pone en orden a los muchachos”.

Reducir la impunidad es el reto más importante que tiene Jalisco. Si no atendemos la falta de Estado de derecho, desde el Gobierno, pero también desde la sociedad, el resto de las cosas que tanto presumimos se irán desvaneciendo, como de hecho ha ido sucediendo, en el tiempo. Una Fiscalía autónoma requiere de la voluntad política del gobernador en turno, y también de un Congreso responsable. Hacer una reforma judicial y hacerla mejor que la nacional es perfectamente factible, pero se requiere dejar de lado intereses e ideas fijas. Ambas cosas requieren una sociedad exigente y menos tolerante al delito. De otra manera aceptemos simplemente que en Jalisco la impunidad es la marca.

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